La segunda despedida de Miguel
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Periodismo, Venezuela | Posted on 05-10-2006
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La primera despedida de mi primo fue la familiar. Es de esas cuando le haces la cruz a alguien y lo execras por indeseable. Yo en realidad lo recuerdo poco. Toda una vida de distancia hay entre las travesuras de carajitos, las almendras dulces comidas bajo el techo de zinc de la parcela del abuelo, el rabipelado degollado después de la tormenta por la misma lámina de zinc caída, y esa adolescencia que todo lo transforma.
Lo que era una diferencia geográfica (vivir en un apartamento o en un barrio) con el tiempo separó cultural, sentimental y diametralmente todo el sentido de la vida. Porque alguien escogió el camino de la muerte.
Ya no vivía en casa cuando despidieron una vez al primo. Sin embargo la historia pervive porque fue el bautizo del círculo de violencia. Alguien, un otro, empezó. Éste no se quedó quieto y respondió. Y al rato estaba defendiendo a su hermano por un robo de zapatos, con un muerto de por medio. Las familias no perdonan. Perdona una madre, que es la que siempre la cárcel, y esconde y guarda y proteje. Perdona una hermana, porque las hermanas suelen ser incondicionales. Pero el resto del apellido no.
La segunda despedida fue para siempre. Aunque no estuve presente en lo que fue un auténtico “entierro malandro”, todos cuentan más o menos lo mismo: no pudieron enterrarlo. La peor de las despedidas fue ésa: entregar resignados la urna al baile de motos y al festín de tiros, anís y sangría. Al principio del roce entre “familias” se reclamó, pero si una familia de 13 hermanos se cree grande, numerosa y unida ante la muerte (porque para más nada se unen las familias grandes), no les quiero contar cómo operan las familias de delincuentes cuando dicen adiós a uno de los suyos.
Sólo paradas en hilera había 150 motos. El resto estaba haciendo ruedas, jugando al caballito, echando fuego en ráfagas o custodiando la zona.
No apareció la novia o el cacho, sino “sus 7 mujeres” que lloraban por turnos la ida del dueño.
No asistió el jefe de la banda, el mismo que apadrinado por las autoridades de la zona (ladrones disfrazados de gobierno, pues) les consigue los créditos para las motos a cambio de protección, operativos de movilización política o apoyo en logísticas criminales.
Las coronas y ramos se bañaron en licor, pero además se incrustaban con casquillos de balas. La urna fue cubierta por armas de todos los calibres y granadas de mano, las mismas con las que apuntaron al sepulturero para obligarlo a entregar la urna (ese día presentó su renuncia).
Fue una desprendimiento absoluto que toda la familia de sangre tuviese que dar la espalda e irse para dejar a la familia de plomo encargarse durante unas horas de despedir a uno de los suyos.
10 am: tres amigos le prometiron al cadáver venganza.
1:30pm: llegaron anunciando que habían matado a quien lo había asesinado, a su chofer y a su copiloto. Que les faltaban dos todavía, pero si no aparecían esta semana se lo cobraban a su familia.
La espiral daba una y otra vuelta, no sólo por el licor en el cerebro, o el tambor de la pistola, o la sonda de inyectar.
Daba vuelta otra cosa: todo el funeral fue filmado por dos cámaras que siempre carga encima la familia de plomo para recrearse mil veces con sus fiestas, y para identificar al sapo que los intente denunciar con las autoridades. Sentenciamos: “estos serán los mismos que veremos en poco tiempo asaltándonos”.
Por Caracas pulula una industria de discos piratas con grabaciones de cineastas de barrio que recrean con bajo presupuesto sus mundos, pero también las hay de pandillas y otros grupos violentos con escenas reales. Quizá, en algunos días, pueda ver efectivamente el entierro de Miguel en un DVD casero comprado en la esquina.
Y será así que lo despida a sus 23 años. Vayan en paz.


La que gobierna es la violencia. Y punto. Un abrazote de solidaridad.
Demasiado insólito para ser creido, como es posible que esas cosas tan bizarras sucedan…
Saludos Luis CArlos
No tengo nada inteligente que decir ante tu historia. Solamente wow.
Wow.
Lamento tanto que hayas tenido que pasar por semejante experiencia.
Ese también es nuestro país. No puedo agregar más
Solo si has vivido en algun momento de tu vida cerca de un cementerio sabes lo que significa un entierro de malandros….me sucedio algo similar, no con un familiar sino con una amiguito de esos de cuando unno es chamo, años despues me entere que lo mataron en un atraco..Saludos
Amigo,
Me dejas sin palabras. Lamento que esto haya sucedido con alguien de tu familia.
Y por otro lado, me alivia saber que los caminos de tu primo y tú se separaron hace años.
Un abrazo.
LuisCarlos:
Esta crónica es sobrecogedora y terrible. Un carnaval de la muerte. Muy pero muy preocupante.
Vi una cosa de ese estilo, pero mucho mas simple, en mi pueblo hace año y pico. Solo que no era de malandros. Era solo un grupo de chamos. Le echaban ron a la urna. Se llevaron toda la musica que pudieron. Cargaron la urna, la bailaron, bailaban salsa alrededor de ella.
Lo curioso es que esta vez la muerte besa a la muerte, casi olvidando que la vida si que puede tener contrastes y matices.
Vaya hermano, claro que duele y no hay que excusar a nadie. Tampoco a los que creen que hace 10, 20 ó 30 años el país estaba mejor. De nada vale remitir a nadie a los relatos terribles sobre lo mismo en los 60, los testimonios del Ezequiel Díaz Silva Hoy vale y pesa sólo el dolor actual de LuisCarlos y los suyos.
Pero viene el chavista coñoemadre e insiste: esto no es nuevo. Nosotros no inventamos la crueldad.
Saludos y solidaridad pa ti, compa.
[...] Un soplón de barrio contó que el último peo de Jesús, asesinado el pasado febrero a los 19 años, empezó cuando un carajo empistolado le robó los Nike y su hermano Miguel lo ajustició poco después para acelerar la espiral de violencia que se lo llevó también en octubre, a sus 24 años. Recordé esas dos muertes y las posteriores a razón de ajustes de cuentas y no supe identificar cómo el absurdo de este tipo del metro puede hacer link con la violencia callejera en mi país. ¿Cómo se conecta? Quizá sea así: Consumo sin cultura, crea desigualdad y luego violencia. Es la tesis de Secuestro Express. Porque en el tercer mundo se nos ve más, y más feo, la costura del “Querer ser”. La de la imitación sin razonamientos de un sistema foráneo que puertas adentro no hace más que aumentar la desigualdad y por ende la violencia. Alguien, digámosle medios de comunicación o clases media y alta importadora de modas foráneas, dicta pautas sobre lo que está “in” y debe ser imitado. Así triunfaron los incomprensibles zarcillos masculinos a lo Beckham, las franelitas rosadas y pegaditas y las mechitas en el pelo para hombres. Basta que en pocos días otro nadie diga por aquí que lo que está de moda sea dejarle la etiqueta a los zapatos nuevos y pasearla por la calle, para que un noche de estas otros chamos de zonas pobres se caigan a tiros por tenerlos. [...]
buenos dias nos gustaria contactarte para testimonio de un programa especial de tv . por favor puedes respondernos a la brevedad posible gracias
[...] La violencia se hace un ingrediente cotidiano de la ciudad, como el tráfico y el calor. En 2006 enterramos a dos primos. Y este año todo dependerá de la suerte, de la ruleta, de los recorridos y las [...]