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2006 octubre 06 | Periodismo de paz
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Se busca soundtrack

Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Periodismo, Periodismo de amor, Política, Venezuela | Posted on 06-10-2006

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No encontramos remedios para el mal de amores salvo la música. “¿Ya pasaste esa etapa en la que cada tango hablaba de vos?”, preguntaba una hermosa mina argentina en una película. ¿Cuánto bolero y cuánta ranchera no han mecido acompasadamente los latidos arrítimicos de los suspirantes?
El vallenato, que es la música más trágica que se ha escuchado en este lado del globo, compite con el reggaeton que identifica a las nuevas generaciones de correspondidos y no correspondidos.
Hoy la lluvia pasó tres veces sobre la cabeza del reportero, en una de ellas realizó algunas entrevistas. Estas fueron las melodías que no consiguen númerito en la rockola de nostalgias y votos condicionados a la pasión.
-”¿Qué quieres que te diga de Chávez? Si a ese hombre lo amo con todas mis fuerzas. Después de mis hijos, él”. Dijo una señora mientras la interrumpimos en su trabajo. La foto se la tendría que haber tomado yo al fotógrafo, que en su vida había pateado ese lado de la ciudad y no se creía los ojos risueños de una doñita madre de familia.
-”¡Pero es que se tiene que ir! Tenemos que salir de ese señor que tanto daño nos ha hecho y ha sembrado la división entre los venezolanos. Va mal, de torpeza en torpeza, meintras todo esto empeora. Ya no lo soportamos y es bueno que lo sepa”. Dijo otra señora a la que también interrumpimos de sus labores.

¿Será que la rockola tiene estéreo? O, hablando de música, tenemos frente nuestros ojos la partitura de un “desconcierto para coro de voces”. La ópera prima de la venezolanidad.

El taller de estupidez

Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Humor, Política | Posted on 06-10-2006

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Para los amigos interesados en el renidmiento académico, la calidad educativa de nuestros liceos y universidad, y la estupidez reinante en cualquier ámbito de la vida, retransmito este Taller de estupidez, diseñado en la Universidad Autónoma Metropolitana de México por el profesor José Luis Córdova. La cosa va en serio, porque reírnos de la estupidez, incluso de la propia, parece que no provoca mayores cambios.
Si no, vean a la gente grande y su comportamiento, que la edad no los hace mejorar. Un joven estúpido no se convierte en otra cosa que en un viejo estúpido. Alí no hay respeto automático que valga.
Veamos qué dice el taller (aquí el Pdf).
Por cierto, si uno lo aprueba, ¿se gradúa de estúpido o de inquisidor de estúpidos?

– “En otras palabras, es inútil buscar “la excelencia académica” sin antes atacar la raíz de la mediocridad intelectual: la estupidez. Sin identificar sus orígenes, sus diversas manifestaciones (disciplinarias o no), se tendrán soluciones parciales (de utilería)”.

– “La estupidez no es un problema que podamos resolver con comisiones o especialistas. Creerlo nos ha puesto en la situación de emergencia en que nos hallamos. En efecto, el aburrimiento y el entretenimiento masivo son síntomas inequívocos de la incapacidad de las personas de diseñar el proyecto de su propia vida. Una economía basada en el consumismo y el despilfarro, que amenaza la misma supervivencia de la especie, sólo es explicable por la estupidez colectiva (mayor que la suma de las estupideces individuales)”.

– “La estupidez no se da por generación espontánea, es asimilada mediante una estructura de relaciones sociales (de autoridad, de funciones, de ideología) independiente de las personas que conforman al grupo. Instituciones como: familia, noviazgo, escuela, negocio, iglesia, etc. transmiten su peculiar forma de estupidez”.

Estupidez en el aula
Tarde o temprano al hoy estudiante le corresponderá cumplir con su cuota en la capacitación de las futuras generaciones, es decir, tendrá que dar clases. Lo anterior puede deberse a requerimientos del servicio social, convencimiento propio o…porque no encuentra empleo. Independientemente de la objetividad de la motivaciones, conviene que considere los siguientes métodos de demostración, a fin de satisfacer la curiosidad de sus futuros estudiantes, sin perder la oportunidad de transmitirles la necesaria dosis de estupidez para sobrevivir.