Esta página sigue en deuda por narrar el congreso de WeMedia realizado hace un mes en EUA. La cosa es más o menos así: es muy poco lo que de la discusión puede aplicarse en el panorama venezolano, al menos por el lado que a mí me podría interesar.
Pongo un ejemplo sencillo: en una sesión se presentaron unos ejecutivos del proyecto Second Life (Juliana ha hecho un buen seguimiento del tema en Ciberescrituras) para mostrar de qué se trataba el asunto, y cómo en ese segundo mundo virtual podrían ocurrir cosas reales como un acuerdo de negocios con la agencia de noticias Reuters. Personalmente, no puedo pensar mucho en una segunda vida cuando uno de mis trabajos es ver cómo hacemos para superar brechas de acceso a la tecnología tan primordiales como la infraestructura y la educación. Es decir, los usuarios de Second Life hacen uso de su tiempo de ocio, cosa que es absolutamente válida, pero mientras tanto, de este lado del mundo otras personas ya tienen suficientes problemas en su First Life como para darse esos lujos.
No puedo ofrecerle a alguien de un barrio pobre de Caracas que usar Internet es importante para visitar virtualmente el Museo de Louvre cuando es más urgente resolver el problema de su comunidad que no tiene sistema de aguas blancas y negras o no han podido con el hampa. Que vale, no está de más el arte y el ocio, pero hay prioridades.
Es decir, faltó una visión de “comunicación para el desarrollo” que además no tienen ellos por qué tratarlo si no es su tema. Ya los países industrializados tienen cubiertos de alguna forma esos niveles de necesidad (vea la Pirámide de Maslow) que nosotros o los nuestros aún debemos superar. El tema del acceso a internet y la educación, por ejemplo, son primordiales, y no los estamos discutiendo ampliamente.
Que sí, pude ver a Sheryl Tucker, la editora ejecutiva de la revista Time, que nombró personaje del año a los usuarios de Internet. Y sí, también vi como un asistente del foro le espetó que hablaran de “You” y no de “We”, siendo que Time, como cualquier otro medio de comunicación, es también un actor social como cada uno de nosotros. (No, panitas chavistas, no le pregunté por qué no nombraron a Chávez si estaba primero en las encuestas) Pero la diferencia principal entre ellos y nosotros es de mercados.
Sencillamente no contamos en este país con un parque industrial dedicado a la tecnología ni a los negocios en Internet. No hay grandes capitales ni empresas sólidas que apuesten fuerte por la web, porque aún no le ven el queso a la tostada. Y tal vez no hay empresas en la web porque no hay tantos usuarios ni consumidores que hagan rentable ese trabajo. Por eso nuestra relación usuario-servicios es más de consumidor que de participantes. Por eso corremos tras productos y servicios de uso como el Flickr, Twitter, Joost o lo que venga, pero poco producimos nuevo. Me arriesgo mucho en la afirmación, pero esa cultura de uso depositario es lo que quizá explique que la Wikipedia en castellano, por ejemplo, sean tan pequeña en comparación a otras.
Así, no somos testigos, como ellos, de un gran reacomodo de medios de comunicación dentro de la web. Los medios digitales venezolanos son los mismos de hace 10 años, que hacen el mismo trabajo, sumado a otros de corte más masivo (NoticieroDigital, Aporre, Noticias24) nacidos al fragor de los últimos años. El resto del espacio informativo está por colonizar aún, colonizar por nosotros que al parecer tenemos más gusto por la innovación, aunque con los
blogueros que somos aún no lo hemos llenado. ¿Qué ocasiona la falta de compromiso o masa crítica que hace que experiencias de infociudadanía como Voces Latinas aún no despegue?
Insisto, porque en Venezuela la lógica se invierte: en el espectro de las industrias web , en Estados Unidos los grandes capitales están viendo cómo se reacomodan, se preparan, temen y pierden terreno ante las audiencias y el proNETariado (que término tan bueno). Allá hay mercado y hay quien lo pelee. Aquí en cambio el uso de la web por parte de los usuarios que sí tienen acceso a ella obedece más bien al ocio y búsqueda de espacios de socialización, pero de dinero poco, o muy poco.
Aplicamos la afición y el amor al arte, cosa que no es condenable, pues es solo un estadio primario antes de que el capital (o el Estado, lo que llegue primero) descubra el agua tibia de las potencialidades de la red y empiece a apostar por ella. Entonces: la comunicación por y para la Internet en Venezuela, con miras al desarrollo, presenta a mi parecer estas líneas de acción:
1. Apropiación y fortalecimiento de las redes de infociudadanos (nosotros) para lograr acciones conjuntas.
2. Con éstas, lograr activismo. Si somos más es más sabroso, sobre todo si estamos de acuerdo.
3. Promocionar y hacer atractiva la Internet para el capital venga de donde venga, incluido nuestro bolsillo. El Estado puede encargarse del acceso a tecnologías más equitativo, de garantizar la neutralidad en la web, de mejorar y crear las legislaciones que nos protejan, de la seguridad, la no injerencia, del apoyo a las Universidades y centros de tecnología para la innovación y la educación en Nuevas Tecnologías para todos los niveles escolares.
3.1. El capital privado puede ayudar con sus ofertas de bienes y servicios y la publicidad web. Para eso debe parecer atractivo y rentable el negocio en Internet, Datanálisis y Tendencias Digitales han hecho estudios regionales sobre eso desde el año pasado y prepara otros.
Volviendo a nosotros los usuarios-individuos, nos toca entender que no somos los únicos actores en el juego y por lo tanto toca relacionarnos y dialogar con los otros. Ya nombré a la empresa privada y al Estado, pero hay un mundo de contactos más como las ONG’s, Instituciones y otras posibles redes sociales mixtas donde podemos jugar.
¿Dije que el congreso no aporto nada a mi visión del panorama venezolano? Me disculpo: me puso a pensar.
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