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Ensayos sobre la ceguera
1 March 2007
Ayer estuve dando una charla en el Salón del Libro*, feria que se realizará hasta este domingo en la Universidad Metropolitana en Caracas. Como fue día de semana llevaron a niños y niñas de escuelas caraqueñas. Quiso el azar que uno de los visitantes de ayer haya sido la casa hogar de niñas invidentes que está en El Junquito. Es siempre hermosa, dura y aleccionadora la experiencia con invidentes. Algo hace que por dentro estén llenos de una luz desconocida para el resto.
Mientras revisaba unos libros, poco antes de la presentación, dos chicas se acercaron a mí. Una apresurada como de 12 años, traía de la mano a una amiguita de su edad, muy alta y delgada, morena acariciada por el sol y el café, con ojos sumidos en el eterno azul blanquecino de los invidentes por cataratas.
:: “Miiiira, pero si aquí hay uno llamado ‘Ensayo sobre la ceguera’, de un tal José…”.
:: No hombre, ¿Y qué tienes tú que decirme que yo no sepa de eso?
:: Bueno aquí pone…
Y empezó a leerle la solapa del libro, que por supuesto no les dijo nada a estas dos niñas que ya saben de sobra.
:: Vé, mira, ya nos estamos yendo… -era esta vez la chica de los ojos nacarados quien halaba a su amiguita, ésa que intentó descubrirle el agua tibia, hacia el gran grupo que ya se marchaba. Los pasos y la bullaranga resultan una guía fiable para los que saben oir el camino de regreso.
¿Qué tiene un nóbel qué enseñarle a una niña ciega?
Extras:
· Artículo de la periodista Mireya Tabuas sobre Ydalia Torrealba.
· Campaña peruana de prevención de ceguera.
*: podrán conseguir ofertas interesantes en algunos stands.
- Cumpleaños cortazariano
- Anoten otro enemigo: la infertilidad
- Votemos el 23N: votar es nuestro deporte nacional
- Sin la cara del presidente
















Yo vuelvo a ir el sabado,el sabado pasado compre 15 libros jeje pero me faltaron algunos
Mi estimado:
Algo le adelanté; pero el taller más complejo que me haya tocado realizar fue justamente con jóvenes invidentes. A diferencia del resto de mis experiencias de formación, en esta todo dependía básicamente de mi voz y todo lo que esta alcanza. Pasé la mañana sorteando mis propios temores y para la tarde, una de las chicas más avanzadas del grupo me sugirió que cubriese mis ojos y viviera el ejercicio de ser “un rato como ellos”. Aleccionador e inolvidable.
Igual, trabajando como guía de protocolo en la universidad, estuve en sala cuando se graduó un estudiante invidente, hasta ahora, no he escuchado una ovación como la de esa noche, llena de tanta solemnidad y respeto, es que hasta las autoridades se les enjugaron los ojos.
¿De qué nos perdemos por ver?
Un abrazo invisible,
Mi estimado:
Algo le adelanté; pero el taller más complejo que me haya tocado realizar fue justamente con jóvenes invidentes. A diferencia del resto de mis experiencias de formación, en esta todo dependía básicamente de mi voz y todo lo que esta alcanza. Pasé la mañana sorteando mis propios temores y para la tarde, una de las chicas más avanzadas del grupo me sugirió que cubriese mis ojos y viviera el ejercicio de ser “un rato como ellos”. Aleccionador e inolvidable.
Igual, trabajando como guía de protocolo en la universidad, estuve en sala cuando se graduó un estudiante invidente, hasta ahora, no he escuchado una ovación como la de esa noche, llena de tanta solemnidad y respeto, es que hasta las autoridades se les enjugaron los ojos.
¿De qué nos perdemos por ver?
Un abrazo sensorial,
De todos modos, ¿quién de nosotros no es ciego?
Curiosa: yo también volveré el sábado. Aunque ya tengo suficientes libros “por leer”.
Naky: una de las mejores exposiciones que he dado fue sobre cine, hablando con la luz apagada en un salón que parecía un estudio de radio. ¡Me encantó!
Y creo, vaya casualidad, que ese acto de grado que viste hace algunos años fue el de la misma Ydalia Torrealba, de la que puse el link. Graduada SummaCumLaude en Letras.
Noemi: Bueno, a usted nadie la ha visto.
Lo esencial..eso que no se puede tocar, ni palpar, ni ver…Lo esencial, eso que nos recreamos bajo un techo mucho más bajo que el de la visión.Y es que para ver a lo mejor no se necesitan los ojos, pero sí para mirar la grandeza, la nobleza, esas cosas que se ocultan de la simple visión…
Casualmente, hoy una de ellas me preguntó en el carrito, como para corroborar su sentido de la ubicación, ¿estamos ya cerca de la Plaza Miranda? Y efectivamente, lo estábamos. Siempre me enternecen y me sorprenden para bien. Lo más tierno es que ella era la guía de su nena de unos 5 años. Pero ambas sabían que tenían que cuidarse, una a la otra. Se lo demostraban en los abrazos que se brindaron a cada rato en los poco más de 15 minutos de trayecto.
De esas historias como para vivir, que usted coloca por acá y que uno también se topa…
Saludos desde la galaxia donde se pretende mirar
Bueno, a veces no somos ciegos fisicamente, pero sí en el alma. Esas niñas con sus pocas palabras dijeron mucho.
Por cierto, una pequeña corrección: Quiso con s no con z (en “quiso el azar”)
Quizás la lección que el nóbel tenga que enseñar a la niña de ojos de nacar sea el hecho de que, como a la protagonista, la visión de ella sea la que nos salve a todos los demás, y su privilegiado don sea el que nos haga sanar de las llagas leprosas que nos abundan… aunque en la novela, sea la protagonista la única que ve, sigue siendo la “rarita” ene l mundo de los invidentes con los que ella vive.
Una amiga en Idiomas Modernos, de portugués-francés, se graduó con una tesis en, precisamente, este “Ensayo sobre la ceguera”. En la tesis, ella y su compañero, analizaban los roles femeninos en la novela de Saramago y su simbología.