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Dónde está el link
5 March 2007Miami-. Estación del metro en Dadeland North. Me antecedía un día de recorrer tiendas y centros comerciales, al mejor estilo del mirón y preguntón que solo quiere llevarse empaquetada en palabras, una impresión sobre el país nido del consumo.
La ciudad de Miami ofrece una excelente versión del consumismo comercial, al margen de que pueda tener un sinfín de atractivos que es de ciegos negar como la infraestructura urbana o los circuitos culturales. Fue en esa estación donde vi a pasar a un chico con pinta de rapero con un distintivo particular. No solo tenía una franela por las rodillas, como está de moda ahora en su grupo, ni sus apliques brillantes con el que debe relucir la ostentación, tenía, además del disfraz de marca, como todo por allá, tenía unos zapatos de marca con la etiqueta aún guindando.
Me dice ese signo de la moda, “no solo uso zapatos costosos de marca, sino que además están nuevos“. Un lujo así, a menos que tenga plastificados los zapatos, sólo dura una semana y algunos días más de uso. Es decir, ahora se resalta públicamente la capacidad de estreno.
Me retrotraí de pronto a la costumbre venezolana de estrenar en diciembre. Eso de gastarse lo que sea por “comprar la pinta” para una fiesta, boda, graduación y lo que venga porque toda excusa es buena. Pero más allá de la típica ostentación que no diferencia clases sociales, recordé de pronto la necesidad de gradación por pertenencias materiales que tienen los malandros en este país.
Recordé la década del 90, en la que se hizo más común el asesinato por un par de zapatos de marca. Ver a este carajo en el metro de Miami me conectó directamente con la muerte de mis primos el año pasado, a manos del hampa a la que ellos mismos pertenecían.
Un soplón de barrio contó que el último peo de Jesús, asesinado el pasado febrero a los 19 años, empezó cuando un carajo empistolado le robó los Nike y su hermano Miguel lo ajustició poco después para acelerar la espiral de violencia que se lo llevó también en octubre, a sus 24 años.
Recordé esas dos muertes y las posteriores a razón de ajustes de cuentas y no supe identificar cómo el absurdo de este tipo del metro puede hacer link con la violencia callejera en mi país. ¿Cómo se conecta? Quizá sea así: Consumo sin cultura, crea desigualdad y luego violencia. Es la tesis de Secuestro Express.
Porque en el tercer mundo se nos ve más, y más feo, la costura del “Querer ser”. La de la imitación sin razonamientos de un sistema foráneo que puertas adentro no hace más que aumentar la desigualdad y por ende la violencia.
Alguien, digámosle medios de comunicación o clases media y alta importadora de modas foráneas, dicta pautas sobre lo que está “in” y debe ser imitado. Así triunfaron los incomprensibles zarcillos masculinos a lo Beckham, las franelitas rosadas y pegaditas y las mechitas en el pelo para hombres.
Basta que en pocos días otro nadie diga por aquí que lo que está de moda sea dejarle la etiqueta a los zapatos nuevos y pasearla por la calle, para que un noche de estas otros chamos de zonas pobres se caigan a tiros por tenerlos.
Y un disparo resulta más rápido que un click en un link. ¿Quién lo detiene?
Subí al metro donde estos chamos negros de franelas por las rodillas seguían hablando en su jerga incomprensible y volví a sentirme en una película pero sin subtítulos. Sin embargo entendía, entendía el vacío en ambos lenguajes.
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Me encantaron las fotos. No comento, porque la verdad no conozco de modas, ni mis chamos andan ” jordansiados” ni enfiebrados con modas. Una percepción que tuviste que quizás se nos escapa a los que ya estamos habituados a la ciudad. Un abrazo!
Ciertamente aquella época pocos la olvidan. Tanto que uno trabajaba (yo estab empezando) para comprarse sus cositas, tantos zapaticos bonitos y el miedo de ponertelo,increible. Yo incluso me compré unos Reebok y eran blancos con rosado. Le pinté la palabra Reebok con Marcador negro para que no se dieran cuenta porque en ese entonces trabajaba en Caricuao.
Ahora la moda es robar celulares,sin embargo,yo ando en la calle con mis deportivos y tengo miedo. Qué desgracia!
MB: seguro, aunque ahora no es Jordan, es cualquier rapero de esos que meten las tarjetas de crédito en los fundillos de las culonas que salen bailando en sus videos.
Curiosa: Habrase visto, tener que tapar la identificación de los zapatos. Yo recuerdo esa época también. Aunque ahora sacando cuentas, ¿a esta altura de la historia no se supone que TODA el hampa del país ya tiene celular? ¿Cuándo nos van a dejar quietos?
Lamentablemente, Curiosa, el miedo es libre.
¿Y te compraste los zapatos de marca de moda y nuevecitos? Guárdalos en la vitrina para que no se gasten. En dos días, habrán pasado de moda y los podrás tirar a la basura.
Me gustó mucho tu reflexión de que consumimos sin ningún tipo de cultura.
Para el venezolano el tener le hace ser alguien. Como si el tener nos otorgara una calidad mejor de ser. Tanto así que a la gente no le importa en convertirse en un blanco móvil vistiendo joyas, zapatos o exhibiendo un auto último modelo. La cosa es ostentar ese tener/ser ilusorio.
Nadie puede detener ese disparo, y todavía estamos pensando dar click…
Lo vacío del lenguaje, lo cargado de realidad para quién recuerda que en sus tierras estuviera cazando a este “negro” por unos zapatos, por una vida, sencillamente por… Algo.