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Trúa lorito en refugio

Posted by LuisCarlos Díaz | Posted in Frontera, Periodismo | Posted on 23-03-2007

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Un lorito

La nena muestra su loro. Su juguete. Sus calles de tierra inundable y casas de tabla levantadas y remendadas por vecinos, que son la única patria. Estar fuera de tu país, exigiendo la condición de refugio, requiere una labor de esperanza que se retribuye en logros. Incluso antes de que los papeles lleguen a Caracas. Incluso antes de que te den una firma y sello burocrático.
Un refugiado se levanta, y trabaja. Porque el terror quedó atrás. Porque lo que fue vencido, nadie lo levanta. Sea de tabla o bloque, la casa es hogar. La patria es el futuro y eso se reconoce en el trabajo diario de quienes quieren levantarse. Así que el reconocimiento a través de la ley es solo papel y seguridad jurídica.
Solicitantes de refugio
Barrio en El Nula, estado Apure

Los niños del puente

Posted by LuisCarlos Díaz | Posted in Frontera, Periodismo, Violencia | Posted on 23-03-2007

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Frontera colombo-venezolana.
No tengo fotografía para este breve cuento. Pero seguro serían ojos de niños. Ojos de niños tristes y confundidos. No hay foto porque sencillamente la imagen es muy fuerte, y porque fue vista y oída detrás del vidrio de un vehículo.
Eran cuatro ellos. Niños y niñas. O niñitos y niñitas, porque en tamaño uno seguía a otra y ninguno tendría más de 6 años de edad. Estaban en el paso de un puentecito de piedras y sin asfalto que va a un pueblo perdido en la ruralidad del estado Apure.
La mano se les estiraba cuando pedían dinero “pa’ un jresco, un jresco”. El religioso que iba con nosotros le dijo dos o tres cosas al menos peladito y seguimos camino a la misa de las 5.
Allí contó sus historias:
Mataron a su padre hacía poco tiempo por estar vinculado a uno de los grupos armados que operan en la zona. Así que la madre y sus muchachos vinieron a Caracas pero se regresaron porque esta ciudad de mierda es hostil con la pobreza extrema y los desamparados.
Al regresar a la zona y establecerse en un ranchito, los guerrillos volvieron una noche y asesinaron a la madre frente a los niños del puente.
No sólo la vieron morir como a su padre, sino que por la noche oscura y el terror y el tamañito que pueden tener cuatro huérfanos, no tuvieron otra alternativa que amanecer junto al cadáver hasta que alguien los descubrió al día siguiente.
Hoy parece que los cuida una abuela, porque el consejo de protección del niño, niña y adolescente no respondió sobre el caso, (o está muy ocupado multando humoristas en Lara). La gente que se considera vinculada con grupos armados se topa con 10 veces la burocracia que los demás en nuestras fronteras.
La abuela deja a los pollitos a la buena de Dios, o de un cura que le da un mercado que recibe puntual. Pero los cuatro huérfanos del puente siguen allí. Pidiendo para un jresco. Buscando entre las piedras y el polvo del camino quién sabe qué juguete que nunca tendrán.