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Trúa lorito en refugio
23 March 2007La nena muestra su loro. Su juguete. Sus calles de tierra inundable y casas de tabla levantadas y remendadas por vecinos, que son la única patria. Estar fuera de tu país, exigiendo la condición de refugio, requiere una labor de esperanza que se retribuye en logros. Incluso antes de que los papeles lleguen a Caracas. Incluso antes de que te den una firma y sello burocrático.
Un refugiado se levanta, y trabaja. Porque el terror quedó atrás. Porque lo que fue vencido, nadie lo levanta. Sea de tabla o bloque, la casa es hogar. La patria es el futuro y eso se reconoce en el trabajo diario de quienes quieren levantarse. Así que el reconocimiento a través de la ley es solo papel y seguridad jurídica.

Barrio en El Nula, estado Apure

















un lorito que saluda a un cardenal que preside al periodismo de paz (el pajarito rojo debe ser un cardenal).
Palabras poderosas las de todas las entradas. Pocas en número, ricas en imágenes, significados y que mueven la entraña.
No puedo estar más de acuerdo con Mauricio. Un abrazo.
Hola Luis muy bueno este post, la historia de los refugiados es complicada y dificil, deja un sabor agridulce en la boca dificil de superar.
PD: Te escuché la voz en el podcast de Kare…y demaisado linda…jejeje
Mauricio: seguiremos reportando, a nuestra manera.
Kira: Abrazo de vuelta. “…que la guerra no me sea indeferente”
Negra: gracias por ser la primera dentro del territorio venezolano que comenta. Me acordé de tu perfil al ver a las abogadas que están allá luchando todos los días por mejorar la condición de los solicitantes de refugio. Sobre el podcast, ¡pues gracias!. Uno habla como puede.
Hace un año estuve en ese “pueblo”, y de todos lo lugares que he recorrido, es el lugar más extraño que he visto. Se respira un aire de sosobra disfrazada de cotidianidad, que no tiene nada que ver con la sosobra que se vive a diario en las grandes ciudades. Es una atmósfera extraña la que se siente en este sitio, donde cada segundo transcurre como si fueran horas.
“Aquí todo es tranquilo, no hay malandros como en Caracas, lo más que puede pasar es que te secuestren, pero más nada”, con esas palabras me respondió una muchacha al preguntarle cómo era la vida en El Nula…
Esto es lo que yo llamaría el verdadero periodismo, el ser los ojos de la gente, el mostrar la realidad. estar atentos por aqui es como “ser el primero en saber”. Muy bien!