Crónica de un linchamiento
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Venezuela, Violencia | Posted on 09-04-2007
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La inseguridad aumenta en nuestro país. ¿Pero qué ocurre cuando la gente asume que la justicia se puede hacer con sus propias manos?
Esta madrugada un grupo de vecinos de Palo Verde, zona clase media de Caracas, atrapó a un ladrón de automóviles con el fin de asesinarlo allí mismo, a la vista de los demás vecinos, frente a mujeres que bajaban con niños a ver el intento de homicidio perpetrado por padres de familia en grupo, apoyados. No estamos ya en tiempos de Fuenteovejuna. Pero estamos peor.
Naky Soto, de Zaperoqueando, envía por mail su relato para publicarlo aquí en PDP. Los dejo con ella y lo que vio hace apenas unas horas:
“Ando desbalanceada. Esta madrugada en el edificio diagonal al nuestro lograron capturar a un ladrón de autos. El suceso arrancó con el sonido de una alarma que trajo consigo varios disparos, lanzamientos de botellas y gritos a montón. El malandro huyó por uno de los laterales del estacionamiento, al edificio contiguo, y de éste saltó al espacio de la farmacia de un tercer edificio. Sólo desde nuestro edificio podía visualizarse esta hazaña de escapatoria y fue justamente mi vecina (al ladito de mi ventana) quien advirtió a gritos a los enardecidos, la ruta de escape del ladrón.
Pues pobre hombre. Lo capturaron y volcaron sobre él toda la rabia y el descontrol que producen estos sucesos, la ventaja del número, el poder de la mayoría, del que se siente permanentemente amenazado… finalmente, la ausencia de un Estado que hace rato dejó de importarle el destino de un clase media en su procura de una justicia social que por insuficiente y asistencialista, no resuelve la necesidad ni de unos ni de otros.
No pertenezco a Provea o Amnistía, pero el linchamiento me parecía un horror, así que llamé insistentemente a la Policía de Sucre para que fuesen, y en cada llamada me dijeron los mismo: que ya había sido reportada la denuncia y que no había unidades en ese momento para resolverla.
De otros edificios gritaban que lo matasen, así, a golpes, que le dieran duro “para que aprendiera”, y eso entusiasmaba el trance de los que en calle golpeaban al malandro con manos, palos, bates, patadas… Después de un buen rato de golpes, un señor mayor sugirió que lo atasen a un poste y lo dejaran allí hasta que viniera la policía. Empezó hablando duro y al final tuvo que gritar e interponerse entre el despojo de malandro y los ajusticiadores. De broma y no lo matan a él también.
Una señora del edificio de al lado (desde un piso alto) comenzó a gritar que se calmaran, que lo dejaran hasta allí, que ya había sido bueno, etc. Eso volvió a encender a los otros, que le gritaron los peores improperios que puedas imaginarte, casi todos direccionados a la sugerencia que el hombre o era su marido o era su hijo, y que viniera a buscarlo si tanto le dolía. Que ojalá le pasase a ella, que cuando un ladrón entre a ese edificio nadie iba a colaborar con ella por defensora de lacras, ¿puedes creerlo?
Eran las tres de la mañana y ante mis ojos un grupo de vecinos podían convertirse en asesinos de un ladrón. Obviamente, no volví a pegar un ojo en toda la madrugada. La policía llegaría a eso de las 4:15am y cuando la patrulla enfiló hacia Petare los ajusticiadores se aplaudían unos a otros, gritaban que lo habían agarrado y que agarrarían a cualquier otro que intentase meterse con ellos, que ese edificio lo que sobraban eran “bolas” para matar a los malos. Se abrazaban en un 31 sin uvas ni buenos deseos, en una celebración del imperio del odio, de la ausencia de raciocinio, un brindis por la falta de humanidad.
Me pregunté muchas veces ¿cómo matamos a lo que de malos hay en nosotros, corazón? ¿cómo es que la violencia se nos instaló así, en el ADN, en una práctica cotidiana que nos lleva a dejar de darnos los buenos días mientras entre 50 hombres se patea a un ser humano? ¿cómo carrizo salimos de esto? ¿cómo desaprender la rabia, la ira, el odio por transferencia?
Viene un ladrón de autos a pagar todos los asaltos sufridos por esos y otros vecinos, los abusos de unos mototaxistas que llegaron a caotizar aun más en tráfico paloverdeño, el temor constante porque ya la calle no puede vivirse sin pánico. ¿Cómo le ganamos la carrera a una guerra civil que tiene años desarrollándose en nuestro interior, y que sólo necesita un “túmbame esta paja” para desatar nuestras peores blasfemias?“
Pregunta: ¿Puede la clase media responder estas preguntas?


soy habitante de esa urb y vi el suceso y la verdad el tipo lo merecia, abrio 4 vehiculos forzo las puertas de estos dejandolas inservibles, saben cuanto cuesta reparar una puerta, la gente trabaja se suda su dinero y es muy arrech.. ver como un maldit drogomano te daña tu propiedad ante la ausencia de un estado el pueblo toma la ley