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2007 mayo 02 | Periodismo de paz
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Vueling

Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in España, Pdp | Posted on 02-05-2007

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Un trozo de mí se ha quedado en España tras ese intenso viaje del que he llenado hojas de apuntes. Y no es romanticismo ni nostalgia mental. Es que de verdad se ha quedado un buen trozo de mí en la madre patria o la patria de mi madre: mi maleta de 33 kilos de peso con toda mi ropa, más o menos 30 libros que compré o me regalaron, los cables de la computadora y la cámara (que están descargadas e inútiles), unos pocos regalos, algunos ejemplares de prensa humorística durante la dictadura de Franco (que sí la había y era buena y combativa), y algunas cosas más.

Mis cosas.

Tomé un puente aéreo Madrid-Barcelona de sólo un día con la aerolínea Vueling y por problemas geográficos, un taxista español-argentino medio chavista con ganas de discutir de madrugada, nos perdimos y abordé tarde el Vueling ese. Sin embargo no excusa que hayan extraviado mi maleta y hasta el día de hoy no me hayan respondido por ella. Ni siquiera para decirme que viene en camino a la casa, que es a donde por derecho tiene que llegar.

Así que os presento el comodín Vueling. Si usted me pregunta cualquier cosa estos días, le diré que estaba en la maleta. Por eso usé las medias de cuadritos y con dedos de mi hermana, o llevo una franela que dice “Funk You” de mi primo, o no tengo los artículos de prensa que quería presentar, ni las fotografías, videos o historias que tomé por allá. Porque un trozo no está conmigo. Lo material, que ya vemos que sí importa y cabrea.

Insisto con la aerolínea Vueling y mi maleta de sobrepeso literario, y espero respuestas. No está en paz quien libra una guerra con la burocracia. Ni paz consigue el que tiene historias y le quitan el papel para contarlas. El comodín Vueling se ha apropiado de mi tranquilidad en tanto no tenga de regreso mis boxers, mis camisas y pantalones o el papelero impreso que traía como judío errante.

Si no, me tocará empezar una nueva vida. Como se empieza un nuevo blog. O como se sale a la calle con actitud de “Funk You” y calcetines de deditos y ropa de tu papá. ¿Querían una historia? La aerolínea Vueling extravía las maletas de un sencillo estudiante del tercer mundo y después de la corredera extenuante a través del aeropuerto de Madrid, que es tres o cuatro veces más grande que el pueblo donde vive, le intenta cobrar una botella de agua en 3 euros y el sobrepeso se lo acepta tras cancelar 80 euros sin aviso y sin protesta.

O la aerolínea Air Europa, que cobra 600 euros por un pasaje y además luego quiere timarte 6 euros por unos audífonos. Son cuentos sin salir del avión, sin salir de la cárcel alada que te pone del otro lado del mundo. Celdas de purgatorio en el que una familia maracucha francamente insoportable se lleva a dos enanos siniestros (llámese “niños ajenos gritones”), para que durante ocho horas de vuelo escuchen un DVD portátil con canciones peores que las de Barney. Es que como no hay audífonos para primitos, la música debe hipnotizar a toda la cabina.

La maleta física está allá, pero la otra está aquí, cargada de cosas para esto de publicar siempre incompleto.
Cuentos buenos también hay. Vaya en paz. En paz desvelen, en paz desvueling.


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