Se me ocurrió enviar un artículo del español Javier Barrera a algunos contactos amigos y a gente de El-Nacional.com, a cuyo nuevo Consejo Asesor asisto desde hace relativamente poco, porque me interesaba saber qué opinaban, a estas alturas del 2008, sobre los cambios que ya son en el periodismo con la adquisición de nuevas prácticas productivas a razón de la tecnología digital.
El post en cuestión se llama: 25 ideas para periodistas que pretenden que Internet no les pase por encima, y son sus conclusiones de un congreso de Periodismo realizado en Huesca y al que hice seguimiento por la red.
Me sorprenden estos altibajos discursivos en el que algunos hablan de los cambios que fueron mientras otros apenas se están enterando de las transformaciones digitales en la práctica periodística contemporánea. Más aún de los periodistas que tienen y usan Messenger, Redes para socializar, incluso un blog, y no se dan por enterados de las posibilidades que estos plantean para su profesión. Que usan Internet como relleno de notas o ver qué falto para que “nada quede por fuera” en el diario de mañana, sin ver que nadie comprará el periódico para leer lo que ayer le leyeron por radio.
De verdad es como que vayamos a distintas velocidades, algunos circulen más rápido por el hombrillo, otros vayan en moto, y al final estemos tan cansados que ni tiempo nos dio de ver para los lados en el camino. Resulta que si eres lector de medios digitales, escuchar la radio y la TV puede ser sumamente aburrido, y la prensa impresa es peor que el amor-periódico de ayer, cuando los medios no hacen su respectivo trabajo y se sudan la franela.
Entre las respuestas al mail, estaba la de una amiga acuciosa en el estudio (y las preocupaciones) por el periodismo y la forma en que se ejecuta. Me preguntaba: “¿Qué hacen los periodistas que no puede hacer un adolescente afiliado a Facebook, un investigador especializado con un blog o un ciudadano responsable con una página web?
Ese es el punto. Lo demás es mucho de la parafernalia tecnológica a la que ahora no estamos muy capacitados para evaluar y comprender. En todo caso, sigo esperando que alguien me cuente ¿qué demonios es el periodismo ciudadano? o al menos, que me diga ¿en qué se diferencia de un ciudadano activo que usa medios distintos a los que usaba Aristóteles?”
Rudo, ¿no? Mientras tanto se reunió en Caracas la Sociedad Interamericana de Prensa, a quien recuerdo que Carlos Monsiváis les dio una tunda buenísima en 2006, para dedicar una mesa de Internet a hablar del pasado, de descubrir el agua tibia, de la llegada de los blogs (un lustro después) y de las incertidumbres que los agarran con los pantalones abajo. Lo más nuevo sobre la mesa parece que fue el documento Newspaper Next: Propuesta para la transformación (PDF).
¿Pero por qué a los periodistas les preocupa tanto la irrupción de ese “nosotros” enorme que representa la ciudadanía en el nuevo ecosistema de medios? Algo ocurrió que nos puso en mapas distintos para sondear un mismo terreno. Y yo, de constante tránsfuga navegante, ya ni sé en qué puerto pongo los pies. A veces le digo a los amigos periodistas que se vengan al terreno de los medios ciudadanos, a gestionar procesos propios de la gente en su empoderamiento de nuevos medios. Otras veces toca dar créditos, y pedir que se baje un poco la voz para escuchar lo que un periodista investigador encontró y viene a mostrar.
Mientras tanto lo que hay es mucho ruido, información hasta la intoxicación y menos claridad en los debates públicos, en nombre de miles de conversaciones que arropan al mundo.
Le contestaría a mi amiga que las diferencias entre el periodista y el joven que usa Facebook o el investigador con un blog, o el reportero ciudadano… es que con el primero se supone que hay una profesionalización del proceso para lograr el producto final. Se es artista pero se trabaja con la cabeza. Hay además un acto fiduciario de la confianza social según la cual usted, por tener esa licenciatura que tiene, está capacitado para encargarse de rastrear e informar a esa sociedad de lo que está ocurriendo y esa es su labor.
Que haya gente que lo pueda hacer mejor, más rápido y por mero gusto es algo muy problema de los profesionales, no de la gente. Igual hay gente que cocina muy sabroso sin necesidad de tener un título de Chef… y abuelitos que cuentan excelentes historias sin haberse graduado de historiadores.
Porque resulta que la lógica de “contar” no depende de la certificación universitaria sino del gusto por oír a otros legar los cuentos. Y da igual si alrededor de un fuego, o en una esquela perfumada traída a caballo, o en SMS q m nviaron sta mnana. Es eso, parafernalia, pero una parafernalia tecnología que significa: Nunca antes tanta gente tuvo tantas posibilidades de comunicarse como ahora, y cada vez será más. La penetración de telefonía celular es aplastante frente a otras tecnologías, cada celular con cámara convierte en potencial reportero a quien la posea. Cada punto de conexión a internet, que es la electricidad de esta década, es una bombilla que ilumina la posibilidad de conectar con otros. Y en la medida que la Internet sea más una plataforma que un medio, mejor conviviremos en ella, como hoy conviven millones de personas que suben y ven videos, fotos, textos, música y lo que deseen. Nunca una biblioteca fue más abierta, ni más rica ni el conocimiento estuvo tan descentralizado pero accesible.
¿Qué es el periodismo ciudadano? Aunque no comparta el término, significa que por un lado la gente, con las herramientas que tiene a mano, tiene la capacidad de generar prácticas comunicativas que respondan a los principios del periodismo, y además cuenta con los canales para hacerlo. Y lo puede hacer estupendamente. Pero además es un llamado de atención a los olvidos que han tenido periodistas y medios para dar respuestas a las agendas de preocupación e interés ciudadano.
Entonces no. No nos diferenciamos casi en nada del Ágora de la Grecia Antigua, salvo que ahora mujeres, neoesclavos y cualquiera con acceso a la red puede participar del debate público. Son infociudadanos viviendo en estados muchísimo más complejos (aunque seguro en Grecia también había problemas de inseguridad, aseo urbano y presevación patrimonial), tan complejos que la radio, la televisión y la prensa no alcanzan… tan complejos que no es tolerable resignarse a que la vida te la cuente otro, y entonces se empuja, por la fuerza de una evolución natural, hacia una democratización del espacio de discusión e incidencia en la opinión pública.
De eso y muchísimas cosas podemos discutir si en esta súper autopista podemos mirar un momento a los lados para ver si estamos empujando hacia la misma dirección. La señales de tránsito no están puestas aún, pero desde atrás los jóvenes te hacen cambios de luces. ¿Vale?