En Venezuela parece que nos aburre la paz
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Polarización, Política, Venezuela | Posted on 13-04-2008
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Llevo meses pensando que en Venezuela la paz es un concepto que nos aburre. Debe ser por eso que estas semanas el Gobierno ha apoyado a China mientras acusa al Dalai Lama de ser otro agente pagado por la Cía.
Dentro de nuestras fronteras hay gente, mucha gente, que cree que es necesario el conflicto para lograr cambios. Unos planean acabar con todo rastro de capitalismo (y de los capitalistas) para festejar sin problemas el Socialismo Rentístico Petrolero, y por el otro se piensa que con una bomba en Miraflores, un tiro de gracia u otra insurrección militar basta para salir de Chávez y acabar con todos los problemas.
Es una absoluta ladilla vivir caminando entre trincheras. La paz consensuada nos aburre y es difícil hablar de hacer un periodismo que ayude a desescalar el conflicto político y social cuando hay gente con ganas de caerse a trompadas en la calle.
Crece la dificultad cuando el discurso del Poder no concilia ni negocia ni reconoce diálogo porque no reconoce interlocutores.
Los que estudian el conflicto como una oportunidad para las transformaciones entienden que debe haber canales para resolver problemas, instituciones, trabajos por la construcción de confianza. Pero en Venezuela eso es accesorio. La paz es que nos dejen tranquilos aunque el costo sea el arrase del otro o la indiferencia sobre su desgracia.
La situación es que como las formalidades estorban, y mucho más cuando una nueva hegemonía política está buscando petrificarse en el poder, no hay institucionalidad para la gestión de los conflictos. No hay Asamblea Nacional, ni Fiscalía, ni poder Moral o Ciudadano que sirva para mediar conflictos sociales básicos como la inequidad, la injusticia, la impunidad y la violencia.
La ciudadanía en estos casos, tras años de proceso político para aprender a ser gente, sigue considerando que como espacio público y de participación nos bastan las urnas electorales y los medios de comunicación para dirimir diferencias… o peor aún, para generar ganancias del terrible ejercicio de aumentar aún más la polarización política.
Parece que periodismo de paz no es construir esos escenarios, sino describir primero en qué terreno se va a proyectar.

