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¿Para qué leer los diarios?

24 September 2008

La periodista Briamel González publicó en su Facebook una nota transcrita, dice no saber de dónde o de quién, que habla sobre los periódicos y para qué leerlos. Valga difundir el texto para que deje de ser anónimo (tampoco conseguí rastro digital), y que además se comparta con más periodistas de profesión y lectores amorosos.

Actualización: Ya encontraron al autor: el gran periodista chileno Francisco “Pancho” Mouat, fallecido el año pasado.

El diario

Me gusta leer el diario a ver si encuentro historias que me atraigan, me interesen, me emocionen, me diviertan; historias que no estén condenadas al olvido y puedan de alguna forma volverse a contar. Leo el diario con ese ojo, no para mantenerme informado, figura muy profesional, muy de periodista, muy correcta, que en mi caso no tengo idea qué significa. ¿Estar informado? ¿De qué?

Abro mi carpeta verde, donde junto recortes y artículos y fotocopias que pueden ayudarme a escribir esta columna, y me encuentro con una contraportada de un libro de textos futuristas prologado por Borges. Textual de Borges: “En mi curioso ayer prevalecía la superstición de que entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar. El planeta estaba poblado de espectros colectivos, el Canadá, el Brasil, el Congo Suizo y el Mercado Común. Casi nadie sabía la historia previa de esos entes platónicos, pero sí los más íntimos pormenores del último congreso de pedagogos, la inminente ruptura de relaciones y los mensajes que los presidentes mandaban, elaborados por el secretario del secretario con la prudente imprecisión que era propia del género. Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otra trivialidades”.

Leemos en los periódicos para el olvido. Lo sé. Pero yo igual sigo buscando allí historias que me acompañen, aun cuando a ratos la información que nos llegue sea una sola majamama delirante. Tomo al azar un diario de hace unos días y repaso sólo los titulares y los encabezados. Es para quedar con la lengua afuera. Y todo ocurre en 24 horas. Un siquiatra pregona: “A los bomberos hay que hacerles chequeos mentales permanentes” porque entre sus filas está lleno de pirómanos. Otra: concejal desapareció después de fiesta en club de rayuela. Otra: terror por fantasmas tras aluvión de Antofagasta. La población de la Villa Los Salares está aterrada con ruidos nocturnos, objetos que vuelan y hasta un niño vestido de blanco. Otra: en Novena Región, ebrio lanzó su guagua a Carabineros. Otra: en Italia, consideran culpable en el tribunal a un marido que no quiso tener relaciones sexuales con su esposa durante siete años. La última, para no saturar: en Florida, Estados Unidos, Jesús muere todos los días a las 11:30 en estrambótico Disneyworld de la Biblia. Todo esto en cinco o seis páginas seguidas de un diario cualquiera.

¿Qué es estar informado? ¿Para qué? ¿Para tener opinión? ¿Opinión sobre los temas que aparecen en los diarios, las revistas y la televisión, y que luego se desechan para ser reemplazados por nuevas trivialidades? Me quedo con la historia del concejal socialista desaparecido después de una fiesta en un club de rayuela. Nadie se explica qué pudo sucederle. Al otro día aparece muerto en las aguas de un río cercano a su casa, en el sur de Chile. Todos lloran su trágico desenlace. Incluso alguno sugiere que pudo tratarse de un crimen. Asalto no fue, porque apareció con todas sus pertenencias. La foto del concejal en el diario me mira a los ojos. ¿Cómo desentrañar el misterio de su muerte? ¿Venía tomado? ¿Fue un accidente? ¿Alguien se la tenía jurada? Habría que ir al sur. O motivar a un cronista de la zona para que investigue junto al juez y al abogado que asignarán a la causa los familiares del concejal, si es que hay ánimo y recursos para continuar con la historia. A lo mejor todo se terminó en el cementerio.

¿Cuántos sujetos pasan por este mundo sin nunca escribir su nombre en un diario? La mayoría. ¿Cuántos lo escriben por primera vez cuando sus familias inscriben su muerte en la lista de defunciones? La mayoría. Me asusta mi propia imagen de lector desmemoriado, pero más me asusta mi condición de ciudadano desmemoriado, atrapado por el olvido de todas las cosas, incapaz incluso de recordar los pasajes más preciados de un libro auténticamente inolvidable. Por eso leo el diario. Para recordar que el olvido a veces, sólo a veces, no puede con la memoria.

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1 Comment »

Comment by Alfredo
2008-09-24 09:06:07

Mi mamá es una asidua lectora de “periódicos del mes pasado”, buscando precisamente eso, cosas que le llamen la atención, noticias, articulos de opinión, caricaturas, e inclusive tiras cómicas (que en algún momento posterior me regala como “galletas de la fortuna”), luego las recorta y las archiva en una carpeta. Luego se quedan allí un tiempo hasta que por alguna cosa, un acto del colegio, una reunión, o equis, entonces los rescata y los multiplica.

 
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