El problema de los que roban con hambre
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Política | Posted on 08-11-2008
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Hablábamos de los políticos corruptos y los cuentos sobre villas y castillos de los jerarcas del poder, algunos en campaña por la reelección y otros que van de salida con los bolsillos llenos. Mi generación joven está bien pero bien jodida viviendo en sistemas políticos como éstos, donde escuchamos con un oído la palabra democracia y por la otra la palabra corrupción, confirmando lo que decía el maestro Enrique Pinti. Empezamos a pensar que todo es lo mismo, todo abuso da igual, y cualquier ejemplo de honestidad empieza a diluirse bajo la etiqueta de “pendejo”. Afortunadamente sigue un poco salvada la gente que tiene algún grado de educación o de respeto para saber decir que no.
Pero hablábamos de los corruptos. De esos funcionarios públicos que se hacen llamar doctor o doctora y son unos déspotas. De aquellos que convierten un trabajo o un contrato en la guarida de enriquecimiento familiar, porque llegó la hora y eso es justicia social. Se igualan en el abuso. Los de antes lo hacían y ello también pero con más ahínco. Y allí detenía la conversa un poco para definir a otra clase de corrupto: el que roba con hambre. No hablaba del hurto famélico y del que roba pan por hambre. Decía del que roba con hambre. El recién llegado que en su puta vida ha manejado presupuestos públicos y luego se lleva hasta la grifería de los baños. Ese que de niño no respondía por el vuelto de los mandados y ahora aspira a ser alcalde o gobernador para jugar al chanchullo pero de forma macro. Los vemos muchas veces haciendo presupuestos inflados para luego ir con el beneficiario a cobrarlos en los bancos y llevarse su tajada.
Esos que roban con hambre, los recién llegados, los que van tomando whisky etiqueta verde mientras predican el dogma político de turno son los que uno se tiene que tragar en combo si cree en el chavismo o en la oposición como opciones para militar políticamente. Recuerdo que en mi pueblito se llegaron a robar hasta los aguinaldos de navidad de los recogedores de basura. Miserables. Es que los que roban con hambre, los recién llegados, no dejan para nadie. No dejan opciones.

