Videojuegos para milicianos
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital, Infociudadanía | Posted on 03-04-2011
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Como la Ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana no termina de quedar bien y sigue acumulando remiendos, sería bueno abrir otro frente de análisis y reforma necesaria: la ley contra los videojuegos bélicos de 2009.
Vamos a sincerar la cosa. Esa “Ley para la prohibición de videojuegos y juguetes bélicos” fue una carta que el otrora partido oficialista PPT se jugó para ganarse algunos puntos con el Comandante cuando era su jefe. Bastó un comentario en contra de la Playstation (sin conocimiento de causa, ni de pronunciación) para que el aparato legislativo apretara sus botones con el siempre bien intencionado argumento de salvar a los niños de la violencia. El resultado fue una ley poco propositiva que censura los videojuegos incluso para la gente adulta.
Algunos diputados argumentaron que debían ser ejemplares al eliminarlos por completo, porque hacer una clasificación por edad, como la hay en otros países, hubiese sido hipócrita en un país que quiere la paz.
En varias ciudades se hicieron piras para quemar videojuegos, con el aplauso de los mismos padres que los compraron sin preocuparse por la edad indicada en el empaque. Poco avanzó esa misma Asamblea en la ley de desarme de unas 9 millones de armas reales que andan ilegales en la calle.
Muchos queremos la paz, pero también entendemos que el alcohol y los cigarrillos tienen una clasificación de edad y no se pide que sean prohibidos en su totalidad para dar ejemplo. El consumo de videojuegos, que es un arte, un lenguaje y una cultura de nuevo cuño, se ve afectado por esa ley. Hoy crece el mercado negro en el sector, el articulado no promueve el desarrollo de videojuegos en la industria nacional y su interpretación sigue dependiendo de la saña por decomisar que tenga el funcionario de turno.
La ley en realidad no contó con las investigaciones necesarias para dictaminar la relación entre el consumo de videojuegos y la pandemia de la violencia social. No hay una cifra que indique cuántos privados de libertad entraron al mal camino por jugar Counter Strike, consumen drogas por ver a Pac Man tomando esteroides o cometieron asesinatos por ayudar a Mario Bros a saltar sobre una tortuga. Seguramente el jefe de la banda Los Invisibles no se entrenó jugando nintendo.
Tampoco hubo un estudio de mercado. Al menos uno que determinara que prohibir los muñecos con puños arrojadizos era inútil porque desde Mazinger Z ninguno más lo hace. Los ciudadanos pagamos la factura de que a algún diputado no le regalaran su Mazinger de niño.
Se argumentaron casos como el de “Mercenarios 2”, un videojuego flojo y no muy popular que se ambientaba en Venezuela con un asesino contratado para acabar con PDVSA y políticos locales. Fue acusado en el hemiciclo de la Asamblea pero no jugado: a la mitad de la historia el mercenario cambia sus objetivos y apoya al gobierno nacional. En los créditos del juego se saluda y agradece a la revolución bolivariana. Un punto menos para la conspiparanoia local.
También se ha hablado de “Call of Duty: Black Ops”, donde una misión es acabar con Fidel Castro. Eso fue suficiente para levantar las alarmas y asegurar que el juego intentaba manipular la mente de los jóvenes para atacar la isla. Pero es falso. En el juego disparas contra Fidel, pero resulta ser su doble, luego el verdadero te captura y te deporta a Rusia. En el juego sólo fuiste un soldado fracasado más de la invasión gringa a Bahía de Cochinos en 1962. Si los juegos los fabricara la CIA, no se humillarían así.
Los milicianos criollos se están perdiendo la oportunidad de vivir virtualmente múltiples victorias y enseñanzas de estrategias de guerra más reales que las que le ofrece el sombrero zamorano de paja. Los videojuegos, si bien los bélicos no son para niños y jóvenes, en espacios controlados pueden significar ocio planificado y catarsis de tensiones. Incluso se desarrollan aplicaciones similares para simular desde vuelos hasta escenarios de gestión de crisis.
Los videojuegos permiten incluso recrear escenarios históricos como la gesta independentista en Age of Empires III, un juego de estrategia bélica en el que aparece brevemente Simón Bolívar derrotando a los españoles. Por ley estaría prohibido incluso promover este tipo de cosas, así que recomendamos eliminar la ley y discutir el tema, a ver si nos sale mejor.
Nota: alguien que sabe más del tema es Ciro Durán.

