El final de la inocencia en Twitter
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital | Posted on 11-09-2011
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Los obituarios de esta semana estuvieron dedicados a varias cuentas en Twitter. De hecho, convenientemente el centimetraje otorgado al “hackeo” de identidades en la plataforma de micromensajes le resto algo de tiempo y atención a focos más importante como la tasa de homicidios, la inflación o el desarme. En realidad se hackeó durante algunos días la agenda informativa porque la guillotina virtual que hizo rodar avatares y arrobas causó más pánico. Los delincuentes se metieron en otra casa que se consideraba privada y revivimos los tiempos de vencimiento de concesiones de medios, pero en pequeño y a lo malandro. Algunos apuntes:
1. Se hizo porque se pudo
En un primer momento, cuando el ataque se anunció de manera simultánea, parecía un evento más sofisticado de lo que en realidad fue. El o los responsables de la toma y asalto de cuentas Twitter decidieron actuar ese día, sin embargo el método de intervención da para pensar que tenían más tiempo en preparación. Muchas teorías avanzadas se cayeron: se pensó que era un allanamiento de cuentas hecho desde las conexiones de Cantv, un hacker ruso, el satélite y programas de rastreo. Todo se cayó cuando se supo que los ataque en algunos casos fueron primero a las cuentas de correo electrónico de los afectados y de allí al Twitter. Eso significa que se vulneró la seguridad de las claves del correo y luego, con el sencillo método de “se me olvidó la contraseña” en cualquier red social, se logró abrir esa puerta.
En algunos casos las claves se obtuvieron por ingeniería social y prueba de combinaciones pero en otra fue sencillamente por debilidad en las claves (cédulas de identidad y fechas de nacimiento).
2. La batalla de las ideas
La acción dejó de ser una travesura cuando el grupo N33 emitió un comunicado, leído en el canal del Estado, VTV, en el que “aclaraban” que accionaron por razones políticas en contra de cuentas que criticaban al presidente de la República y por lo tanto cualquier opositor con visibilidad mediática estaría en la mira.
Sin embargo esa acción desdice del sentido de Internet y la democracia. Si la revolución es una “batalla de ideas”, se debe ganar por argumentos y deliberación, no con el robo de los canales de comunicación del contrincante.
3. El sentido de expropiación
“Si no colabora se expropia”, fue el criterio anunciado para algunas empresas, terrenos y espacios que el gobierno considerara ociosos, y ese ejemplo fue seguido por los delincuentes digitales. Como una cuenta es incómoda, se expropia para evitar que su mensaje llegue a sus seguidores. Es decir: los 2 millones de seguidores de @ChavezCandanga no son suficientes porque la hegemonía comunicacional se concreta al amedrentar a los perfiles que no sigan la línea única.
4. Son lamers y no hackers
Llamarlos hackers es muy generoso. Los hackers son apasionados del conocimiento que buscan vulnerabilidades en los sistemas para mejorarlos, reírse o desarrollar sobre ellos. En defensa de la ética hacker ha escrito incluso el jesuita Antonio Spadaro en La Civitta Catolica, editada en el Vaticano. El pecado ocurre cuando hacen daño económico, que es cuando se consideran crackers, o hackers “sombrero negro”. Sin embargo los criollos de esta semana son jugadores de lotería que prueban hasta que pegan una contraseña e intervienen una cuenta. Parece que hay pocas cosas sofisticadas en su acción, aunque produzcan mucho ruido, lo que los convierte en unos lamers. En criollo, gente que anuncia grandes conocimientos de hackeo con apenas tres trucos. Hackers de verdad hay muchos, y los veremos expresarse próximamente de bando y bando.
5. Los vínculos gubernamentales
No ha habido señales de conexión entre el gobierno central y estas personas. Aunque los delincuentes informáticos anuncian su apoyo, hasta los momentos el Gobierno no se ha manifestado al respecto. Sin embargo es el mismo fenómeno de los colectivos armados en Caracas: se les permitió acción hasta que la anarquía se salió un poco de las manos.
6. El desmarcaje
Por lo tanto el poder debería desmarcarse de estas acciones, que por demás han sido torpes. La gente afectada logró tener más exposición en medios y algunos de ellos abrieron cuentas nuevas que de inmediato sumaron miles de seguidores. El desmarcaje es importante porque permitirá disminuir la impunidad en estos actos que perjudican la libertad de expresión de los ciudadanos y enrarecen la confiabilidad sobre los sistemas informáticos y de comunicaciones en el país.
7. Los delitos
La ley de delitos informáticos contienen dos artículos que pueden describir los hechos cometidos. “Acceso indebido” (art. 6), porque se ha entrado sin permiso a las cuentas de otras personas y ya éstas lo han denunciado ante la autoridad correspondiente. Y la más grave, reconocida por el propio atacante en una llamada a la periodista Berenice Gómez: “Espionaje informático” (art. 11), por confesar que revisó su correo electrónico y vio información sensible que podría poner en riesgo a la periodista y sus fuentes.
Es diferente al caso Wikileaks, porque se trata de individuos y no de estados y porque Wikileaks sólo publica la información que les llega por filtraciones, pero no ejecutan la acción.
8. Fin de la niñez
Finalmente el episodio no sólo marca el inicio de una nueva conflictividad en el terreno digital de cara a las elecciones de 2012, sino también el fin de la inocencia sobre la seguridad de las cuentas digitales en estos entornos. Esperemos que cesen las contraseñas obvias, la navegación en espacios y equipos inseguros, la instalación de aplicaciones extrañas y el descuido de teléfonos celulares atractivos para el robo. De la misma forma, este hackeo de la opinión pública demostró que la cibersociedad venezolana se mueve a gran velocidad para identificar sus problemas, pero no escapa a la polarización y el atrincheramiento político. La inteligencia social está activa en medio de la balacera.

