El libro electrónico construye un nuevo ritual

Hemos comprado el periódico de fin de semana porque es parte de nuestros rituales de consumo cultural… y uno de los mejores, por cierto. La lectura es una pasión que de manera automática se asocia a la plataforma en la cual se encuentra la palabra escrita: el papel. En estos años de revolución tecnológica y nuevas sorpresas, es obvio que la llegada de la tinta electrónica y los libros digitales va causando suspicacias, nostalgias, rechazos y argumentos infinitos porque es como defender a una de nuestras madres de crianza.

Es tiempo de divorciar algunos conceptos y ver que las experiencia pueden venir en otro envase. Si esto fuese una columna de gastronomía, quizás citaríamos a Ferran Adrià y la magia de entregarnos una copa que sabe a las mismas tortillas de papas de casa. De inmediato traería una discusión con los sibaritas y señores del buen comer que pueblan el mantel de nuestros medios para decir que la deconstrucción es una falacia de la nueva era que impresiona la primera vez pero después sabe a repetido y no sorprende.

Justo en materia de consumo cultural, la no-sorpresa se denomina rutina, ritual, y la incorporamos a nuestra vida. Eso nos pasa con los libros electrónicos en casa y la lectura. Caímos en la tentación de comprar un Kindle de Amazon, y ahora nos peleamos para ver a quién le toca leer. Por fortuna tenemos la buena costumbre de leernos en voz alta por turnos, desde algunas columnas dominicales de la prensa de tinta olorosa, hasta un archivo digital que corre en la pantalla del nuevo consentido de la casa.

El divorcio del átomo y el bit

Cuando hablamos de libros electrónicos nos referimos a que el contenido de un libro (texto, gráficos, imágenes y cuadros) pasa del soporte físico, la tinta y el papel, a un archivo digital. Eso significa que no ocupa espacio físico, puede ser replicado infinidad de veces, puede viajar a la velocidad de la luz y adaptarse a cualquier recipiente.

Tu tableta no es igual

Un argumento que choca contra los libros electrónicos es el de los ilusionados de las nuevas tablets. Ya sabemos que tienen un iPad que les costó un montón. Pero leer allí como lo hacen los enamorados de los libros no se puede. Las tabletas tienen todos sus colores y capacidades gráficas, pero también tienen una pantalla “retrolumínica” que brilla hasta que las retinas se resienten, como ocurre con los monitores. Esa luz es molesta a la larga.

Lo que lograron las investigaciones de E-Ink en el MIT en 1997 y presentaron en 2002 como papel electrónico permitió un formato actual en el que la tinta se organiza en una pantalla mate logrando un contraste agradable a la vista, con bajísimo consumo eléctrico porque no necesita mantenerse encendido una vez la página fue hecha en pantalla. La batería dura hasta un mes y su pantalla no táctil se mantiene libre de grasa de dedos y también de saliva en las esquinas.

Un aleph

Un lector de libros digitales actual puede almacenar 4Gb de contenidos, y un libro digital puede pesar 1Mb o menos que eso si es puro texto, así que hay espacio para la biblioteca de la vida. En nuestro kindle, 30 libros de Jorge Luis Borges pesan 4Mb, aunque él diría que lo importante es leerlos. El aparato permite adaptar el tamaño de las letras, tomar notas sobre el texto, sacar citas, exportarlas a nuestro correo y compartirlas con amigos.

El costo se reduce

Un soporte para libros electrónicos cuesta en la actualidad entre 110 y 200$, lo que en dólares oficiales son unos 450BsF. Una porción del mísero cupo Cadivi para compras en línea. Sin embargo cualquier buen libro en una librería cuesta ese precio y más, si acaso se consigue. Para textos especializados a la larga es más barato, y si consigue libros gratis, pues mejor.

Pirata no, culturoso

La regla con las películas, series, música y libros en la era digital es la misma: si no se consigue fácilmente porque los distribuidores no nos consideran su “mercado de consumo”, entonces es legítimo descargarlo gratis. La biblioteca digital legal es casi cualquier obra de dominio público porque venció su derecho de autor y las tiendas digitales se han subido a la ola de la distribución digital de libros, pero mientras estemos fuera de su mercado, entonces no les importará si buscamos libros digitalizados en la red. Por ejemplo con películas y series ya Netflix inició operaciones en Venezuela a $8 dólares el mes. Esperemos por los libros, pero mientras tanto a las ansias de conocimiento no le llame piratería sino cultura de compartir.

Limitaciones

El libro electrónico se topa con varias dificultades aún:

  • Es difícil prestarlo como se hace con un libro tradicional
  • Hay que diseñar los libros para ser leídos en él. Es incómodo leer un PDF diseñado para imprenta que tiene columnas complejas. Por eso existen formatos como el .epub y .mobi
  • La tinta digital a color es aún muy costosa para ser masificada. Así que el e-book es sólo para apasionados del libro tradicional.
  • Es frágil si no tiene un estuche que lo proteja. Un libro se debería poder caer al piso sin causarnos taquicardia.
  • Algunas personas dudan de las intenciones de Amazon si éste sabe a través del aparato qué libros leemos, qué cosas subrayamos y qué nos interesa de la lectura. Debería haber más privacidad.
  • La oferta de libros en español todavía es sumamente tímida en América Latina, así que pidamos que las editoriales entiendan que el nuevo negocio viene por aquí.

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Jugando al periodismo en la Venezuela electoral. Glocal | Tejedor de redes | Facilitador en temas de nuevas tecnologías, periodismo digital, ciberactivismo e infociudadanía | 1/2 del Hangout político | BOBs 2013

24. septiembre 2011 by Luis Carlos Díaz
Categories: Hoguera digital, Medios digitales | Tags: , , , , , , , | 2 comments

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