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Twitter es el país subtitulado

Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital | Posted on 12-02-2012

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A Alberto Barrera Tyszka, a razón de “Vivir con subtítulos

Comprar el diario de los domingos es una actividad que se realiza más por ritual que por necesidad. Algún apego con la página porosa y flexible de los periódicos formato sábana hace que aún sea atractivo coleccionar letras en papel. Sin embargo la complicidad lectora va un poco más allá: en un país cuya incertidumbre se resuelve más con opiniones que informaciones, decidimos leernos en casa las firmas más queridas en voz alta, retándonos a que las palabras lleguen con el mismo cariño de la radio. Varios sospechosos habituales están en estas mismas páginas, pero el columnista que leemos con más avidez en los desayunos dominicales es Barrera Tyszka.

Hay consenso. Los domingos buscamos a Barrera, a Pérez Reverte con sus sablazos en la prensa española y al argentino Jorge Lanata dando la cara por el periodismo incómodo en la era Kirchner. Con eso completamos la ensalada de los disensos en las patrias que más duelen. Sin embargo, la responsabilidad que hemos puesto en Barrera Tyszka es distinta. Sabemos que cargamos el mismo santo en procesión muy lenta. A nuestra forma le agradecemos tras cada columna que nos haya echado un mejor cuento sobre por qué pesa más, por qué las entrañas son viscosas, por qué en este país telenovela la política tiene el mejor rating.

Y lo logra. Con guiños certeros, puntos bien atados y resúmenes brutales de la enfermedad, borda la mortaja para la desvergüenza y la desfachatez. Nos demuestra que está bien sentirse un poquito mal, pero no demasiado para no perder el juego.

Eso cambió la semana pasada, cuando el escritor decidió igualarse al resto de los aturdidos por la infoxicación y decir que no entendía esta vaina, que las palabras perdieron sentido, que la humanización carcelaria se conjuraba con cinismo y el poder era capaz de derribar los sentidos, empezando por el común.

La respuesta está en Twitter

Resulta que la web es ante todo aglomeración, enjambre, gentío y zaperoco. Si algo ha definido a Twitterzuela en los 5 años que lleva de gestación es que a pesar del ruido y la futilidad, en ella se esconde un país capaz de interpretarse a si mismo, darse respuestas, ánimos, solidaridades y retos. El primero y más fuerte, obviamente, es el desafío de los 140 caracteres, que obligan a atar la creatividad de los mensajes a las reglas de la minifalda: breve pero que enseñe mucho.

Twitter contiene en este momento los subtítulos del país. Le permite al discurso de la calle, a la sinapsis rápida del jodedor de esquina, poner en un sitio público, más público que una pared de baño, genialidades en dos frases. Allí se esconde la fábricas de manchetas más talentosa que podamos encontrar.

Creo que uno de los chapuzones más salvajes en aguas twitteras que se llevó Barrera Tyszka fue un foro de la gente de Espacio Público, sus encuentros Web 2.0, en el que se le invitó a hablar de letras, mientras en la pantalla se proyectaban sucesivamente los tweets de los asistentes. En algún momento se copiaron citas del ponente, luego se hicieron comentarios, después hubo chistes y al final se desparramó el subconsciente de la audiencia en la proyección. Todo esto mientras el autor creía que la atención se la llevaban completamente sus palabras. El público podía oírle una cosa y leer el nuevo lenguaje del “nosotros” proyectado en videobeam. La respuesta del escritor fue ingeniosa: “siento que están hablando a mis espaldas”.

Es lo mismo que han sentido los políticos, los famosos y las marcas con las redes sociales. Notan que en ese nuevo espacio hay una conversación que ocurre a pesar de ellos. Y seguirá pasando.

Cuando las paredes callan

La colisión de trenes entre las audiencias y lo establecido tiene del lado de lo tradicional dos cargamentos que poco a poco van cediendo.

Los medios tradicionales tienen un lenguaje formal que les impide hacerse eco de muchísimas opiniones, comentarios al borde de la realidad y esas cosas que la gente realmente está pensando cuando algo ocurre. Su carácter empaltosado, distante, con formulitas de CNN, le impiden a cualquier periodista hacer las preguntas correctas a las fuentes. También le cercenan al político ser sincero, porque eso es impopular. Así que el medio construye un circo de apariencias en el que hasta la polarización es ficción.

En ese contexto, Twitterzuela se comporta como las abuelas que le hablan al televisor desde la sala de su casa. La diferencia es que esta vez la sala es enorme, hay más amigos en red sentados en un mismo sofá, y comparten la catarsis.

El segundo componente donde la red aventaja a cualquier medio para interpretar la realidad es el “timing”, el tiempo que ocurre entre las causas y los efectos. La audiencia digital construye opinión pública en tiempo real. Se mueve en simultáneo con la realidad, lo que hace un entramado de opiniones, editoriales, exigencias y protestas cuando apenas la información se está gestando. Por eso los infociudadanos parecen tener en su nueva composición genética un desespero por la inmediatez, cuando el mundo no se mueve con banda ancha.

Libertad de lenguaje y tiempo son los componentes que le permiten a la gente reunida en torno a las redes sociales construir el subtitulado de la realidad. Cuando el Presidente dice A, algunos sólo aplauden, pero otros son capaces de darle la vuelta y destripar las intenciones en menos de lo que el PopStar se tarda en repetir la idea. Hay allí, nuevamente, un efecto de pantalla dividida.

Las cadenas de radio y TV tienen la deshonrosa misión de imponer un modo de ver las cosas y cerrarle el acceso a los ciudadanos a otras fuentes de información, pero la pantalla dividida de la audiencia se mantiene diciéndose otra verdad, traduciendo lo que no parece evidente pero se desnuda cuando llevamos más de una década entendiendo el metalenguaje de la malicia. Twitterzuela se politiza porque la gente no le huye a la realidad, sino que le abre boquetes a la propaganda oficial.

Así que, estimado Barrera, al final los poetas ganan. En las redes sociales encontrará suficiente gente inteligente que este fin de semana conseguirá la forma de hacer más divertida la jornada y hasta octubre sabrá desmontar las matrices del miedo en el lenguaje oficial. Como los Beatles, son cosas que se hacen con un poco de ayuda de los amigos.

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