Métodos para hackear un país
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital, Periodismo | Posted on 19-02-2012
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Ha pasado apenas la primera semana desde que la oposición venezolana liquidara por consenso la frase: “no tienen una cara que la represente ni un proyecto-país que los aglutine”. Sin embargo la campaña sacó los colmillos. Nos preparamos para vivir el año más interesante en la historia política contemporánea. Será una montaña rusa. En una semana los jugadores han mostrado sus cartas, las amenazas de confrontación están en la mesa, se asomó la artillería jurídica, burocrática y represiva a la mano, y las partes asumen posiciones para un ajedrez en terreno accidentado.
Como hemos visto, la campaña se decanta entre una polarización conflictiva y una ruptura de un modelo agresivo de imponer las cosas por otro que se desentienda del lenguaje de la violencia mientras teje una nueva forma de crear acuerdos sociales. Sin embargo la comunicación y la información no son solamente un campo de juegos, son también los lubricantes y misiles de muchos procesos que se desarrollarán en los meses restantes hasta las elecciones.
En palabras del camarada Chomsky:
“La manipulación y la utilización sectaria de la información deforman la opinión pública y anulan la capacidad del ciudadano para decidir libre y responsablemente. Si la información y la propaganda resultan armas de gran eficacia en manos de regímenes totalitarios, no dejan de serlo en los sistemas democráticos; y quien domina la información, domina en cierta forma la cultura, la ideología y, por tanto, controla también en gran medida a la sociedad”.
El mapa comunicacional venezolano cambió en 10 años. Mientras el Gobierno repite la cantaleta de que su revolución no será televisada, administra 6 canales de televisión que responden sin concesiones a los intereses del PSUV, logró la domesticación de dos canales importantes y varios circuitos radiales, regala periódicos y se encadena constantemente para teledirigir el país como un videojuego en el que el control único está del otro lado de la pantalla.
Por eso hay que cuidarse de los métodos de hackeo social que se arman desde el poder para desviar la agenda. La hegemonía comunicacional no sólo significa el control de medios, sino también el control de la atención. Los venezolanos solemos caer en ella repetidamente:
Ataques DDoS
Los ataque distribuidos de denegación de servicios significan que una plataforma web puede ser atacada si sucesivamente se le mandan peticiones de acceso hasta sobrecargar el sistema, colapsar su ancho de banda y hacerla inaccesible a otros. Es lo que ha aplicado Anonymous para protestar contra páginas de empresas, pero es similar a lo que hace el gobierno cuando prepara paquetes de ataque. En diciembre de 2010, un paquete de leyes aprobadas en la Asamblea Nacional pusieron en jaque a numerosos colectivos sociales, ONGs y medios de comunicación debido a que nadie podía atender una agenda tan completa y diversa a esa velocidad. Algunas leyes pudieron detenerse, pero el bombardeo de otras hicieron que pasaran mientras la ciudadanía, agotada, se desconectaba para vivir su navidad. Los DDoS ocurren cuando se logra diversificar tanto la agenda de agresiones que la sociedad colapsa al no poder darle el seguimiento como se merece.
Está demostrado que mientras más distribuidas y eficientes sean las redes que cohesionan a la sociedad, más fácil es enfrentar un ataque de este tipo. Pero ha costado aprenderlo.
Vulnerabilidades
Las maquinarias de propaganda no se detienen. Igual que los hackers cuando quieren saltarse una brecha, buscarán vulnerabilidades en el sistema para poner la cuña y desalambrar. Por ejemplo VTV y RNV le han dado cabida a múltiples mensajes homofóbicos y antisemitas para agredir a Henrique Capriles Radonski. Algunos sembrarán discordia en la opinión pública, pero afortunadamente se ha demostrado que la sociedad venezolana no estaba tan llena de abono como los laboratorios de propaganda piensan, así que no siempre florece. El peligro de fondo de esta estrategia es que muestra las fallas de sistema del agresor: una revolución no puede ser homofóbica ni antisemita ni fascista, pero ya entró en esa senda.
Troyanos
La gente puede descargarse un programa a su computador que esconde a su vez un virus. Los troyanos corren por correos electrónicos, teléfonos y páginas web con su cargamento venenoso. El nombre es perfecto. Hemos visto troyanos que participan en primarias y luego van al TSJ para que su departamento de prensa les convoque medios mientras fabrica sentencias. Los troyanos se cuelan para explotar desde dentro la unidad.
Gusanos informáticos
Los gusanos se duplican a sí mismos y van ocupando la memoria para entorpecer la red. Son los trombos que van colapsando arterias y dificultando procesos. En tiempos de elecciones, los retrasos y el mantenimiento de zánganos puede ser costoso. La multiplicación de voluntarios que hacen bulto, los sucesivos peajes para lograr procesos de campaña, lo que entorpezca el libre acceso de la gente a la información debe ser limpiado del sistema con un antivirus eficiente.
Alterar el sistema operativo
El estado de derecho y las instituciones son reglas de juego y árbitros que se suponen pueden velar por un buen desempeño del computador. En 1999, por ejemplo, vivimos un cambio de sistema operativo, como pasar de Windows XP a Windows 7, o a Ubuntu 10.4. Sin embargo este nuevo sistema operativo también ha sido vulnerado e instituciones como el revocatorio, el acceso a una justicia autónoma e independiente, los medios de servicio público y un sistema carcelario que reinserte no funcionan por desconfiables. Cuando una sociedad ve disminuidos los espacios de resolución de conflictos (justicia, parlamentos deliberativos y sistemas electorales) pierde las esperanzas. Sin embargo, en Venezuela, parecen recuperar su vigor.
Definir el lenguaje de programación
Quien controla el lenguaje puede manejarlo a su antojo. Por lo tanto si la gente espera el sobrenombre que el abusador de la clase le pondrá al estudiante nuevo, para luego aceptarlo, entrará en su terreno discursivo. Si es una parte de la justa electoral la que define la nomenclatura del juego, llevará ventaja. Por lo tanto toca volver a poner en su sitio las palabras y desviar los ataques.
Un muchacho que se deja poner sobrenombres no lo pasa tan bien en la escuela, pero el que se los pone a otros, lo pasa mal en la vida. La posibilidad de ser hackeado nunca disminuye, será la cara sucia de esta campaña electoral.

