El descubrimiento de la multitud
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital, Venezuela | Posted on 04-03-2012
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Ser muchos importa en la red. Por un lado le da valor a las plataformas Web 2.0, que sin usuarios son un saco vacío, y por el otro porque el espíritu de cuerpo que alcanzan las audiencias virtuales genera unas dinámicas de creación que multiplican la creatividad y el conocimiento. Ser muchos, sentirse muchos, es un fenómeno que importa en las plazas públicas donde se protesta y también en las redes donde se comparte.
Piense en las razones que lo llevaron a tener Facebook y seguir usándolo hoy: allí están mis amigos, por lo tanto debo estar ahí. Quien se haya desilusionado de su uso es porque no consiguió un grupo de referencia que le haya disparado las ganas de regresar una y otra vez, como un enjambre. En palabras más sencillas: si su Facebook o su Twitter le resultan aburridos es porque sigue a gente aburrida, los demás la estamos pasando muy bien así que es mejor buscar amigos nuevos.
Las multitudes tienen un potencial constructivo poderoso. Es lo que se pelea cualquier desarrollador de aplicaciones y plataformas. La cantidad de usuarios cautivos son los que cuentan para buscar fondos en el mundo de la innovación, para cotizar en bolsa y subir en el ranking. En el fondo la multitud significa “mira a cuántas personas más les gusta mi idea”. De hecho veremos comparación de multitudes en la campaña electoral, aunque sean arrimados con autobuses oficiales y lista de asistencia.
Sin embargo las multitudes también tienen potencialidad para desviarse, armar la cayapa y accionar de manera autónoma en un entorno de competencia de poderes. No es un problema, hasta que empieza a serlo. Veamos algunas experiencias:
Anonymous
Se organizan sin líderes, ubican objetivos entre las páginas web de las empresas y estados que quieren adversar y preparan su ataque. Anonymous lleva un par de años manifestándose en contra de quien ose controlar alguna parte de la web, los países con legislaciones censoras, las discográficas que abren juicio contra páginas de descarga y las autoridades que creen que pueden poner las reglas de su aldea en un territorio sin geografía. Anonymous ha tumbado páginas web que quedan inactivas algunas horas. No son el mismo grupo que ha robado claves bancarias e intervino el sistema online de Sony. Pero los medios tienden a confundir al grupo Lulz Sec, quienes se adjudican estas acciones de robo de contenido, con Anonymous, que sólo bloquean páginas y hacen algunas bromas en el mundo físico.
Cayapa en Operación BAS
El cuento de los hackers paramilitares pro-gobierno ya lo hemos contado en esta columna varias veces. Roban cuentas, cambian sus nombres y se quedan con sus decenas de miles de followers. Es una expropiación. Es similar al Gobierno que no sólo sustituyó la señal de RCTV por la de TVES, sino que además le quitó sus antenas repetidoras para no perder difusión.
Lo que se armó con la Operación BAS hace una semana fue la respuesta organizada de un colectivo anónimo en Twitter. Se trataba sencillamente de bloquear y marcar como “spam” a las cuentas robadas por los delincuentes informáticos pro-gobierno. En la plataforma Twitter cualquier usuario puede bloquear a otro para no recibir más mensajes de él. Es una manera de silenciarlo en su propia cuenta, pero si además se le avisa a Twitter que desde allí se manda publicidad indeseada o se agrede a otras personas, entonces se marca como spam y el sistema encapsula esa cuenta, la anula, no le permite a su usuario acceder a ella.
Es la misma razón por la que no hay videos pornográficos en YouTube. Si alguien lo sube, otros usuarios pueden bloquearlo y desaparece rápidamente. Lo que hizo la Operación BAS fue contar con la cayapa multitudinaria de gente que actuara contra esas cuentas para eliminarlas.
No fue un robo ni un hackeo. En ese sentido pareciera un acto legítimo. El problema surgió cuando el conflicto generó daños colaterales: la cayapa también se llevó por el medio a otras cuentas legitimamente construidas por sus usuarios, legitimamente chavistas, y que no debían ser víctimas de este bloqueo. Ahí la situación se le fue de las manos a la Operación BAS.
Generó molestias del chavismo en Twitter, quien además buscó razones en los delirios de conspiparanoia ya normales y demandó que hubiese complicidad de la empresa por “ser imperialistas”. Se dijo en medios oficiales que se habían eliminado 300 cuentas por esta vía, pero no se mostraron más de 20 afectados.
Incluso ocasionó que otros militantes pro-gobierno cerraran su cuenta en protesta. En fin, el pánico se sumó a la ignorancia y leímos hasta declaraciones del encargado de la sala “Chávez Candanga” diciendo que necesitarían crear una red social controlada por el Estado. A estas alturas ya no parece asombroso que el gobierno gaste presupuesto en funcionarios con tan alto nivel de desconocimiento.
Twitter abre ventanas de oportunidad para evitar que la anarquía de las multitudes impere y con un simple formulario, días después, los afectados por la cayapa recuperaron sus cuentas. Fin de la crisis. La ciberguerra tendrá que buscar otros cauces.
VVPeriodistas
Sin embargo el caso más extraño lo protagonizaron los periodistas del noticiero Venevisión. Es conocido que desde hace tiempo hay en Twitter una cuenta que relata los supuestos pormenores de la principal planta televisiva del país. Allí se narran episodios de supuesta autocensura, dan detalles de las dinámicas internas para favorecer o silenciar algunas voces y otras cosas. Nada de eso consta en la realidad, pero la cuenta @VVPeriodistas, ahora @VVSincensura, logró molestar al canal, quien articuló una estrategia similar a la Operación BAS con las cuentas de sus periodistas.
Tanto en la cuenta oficial del noticiero como en la de los periodistas de la planta se repitió esta semana la petición de bloquear y marcar como spam a la cuenta transgresora. Usaron el mismo mensaje, lo que demuestra que no fue un acto espontáneo sino planificado. Pero no fue efectivo. Copiaron mal la estrategia. La cuenta anónima mutó en el nuevo nombre, conserva sus 171 mil seguidores, y sigue allí, haciendo de las suyas como la multitud.


