Los plagios son un literal ladilla. Son una cosquilla violenta, sangrona y purulenta que te provocan unos personajes que presentan material intelectual hecho por otras personas para obtener créditos propios.
Son esos que no hacen la tarea de pensar y trabajan para reforzar su imagen en torno al engaño de terceros. Sinceramente, lo que pase por sus cabezas no me importa. Si acaso existe un pepito grillo me importa tres cojones pues lo que está en juego son contenidos públicos, insisto, material intelectual que al final es de lo poco bueno que produce el ser humano. Uno acaso tendrá dos ideas al año, siendo optimistas, así que no es justo que otro venga a presentarlo como suyo: ya escribimos hace algunas semanas sobre el infeliz que se plagió La pelota de Letras del colombiano Andrés López.
Voy rapidito a los ejemplos, que ya los tuvimos de cerca, se repiten… y para eso está la comunidad electrónica que es un gran órgano de inteligencia social que de a poco se va regulando (sincerando) a sí mismo.
· Vimos hace poco el caso de Néstor Valecillos, ex-empleado de El Diario de Caracas, un lamentable periódico gratuito que se sostiene con publicidad estadal y el amor de algunos pasantes explotados sin norte editorial de ningún tipo. En esa carnicería informativa, la necesidad de llenar páginas a como de lugar y la poca regulación de política informativa, producen esos vórtices de copia y pega que devoran cualquier intento de práctica periodística para convertirla en picadillo de contenidos. En esas Valecillo, que no quedó muy bien parado en Google, plagió un post de Guillermo Amador que fue descubierto días después, rechazado y bombardeado hasta su despido de la plantilla del diario, aunque no la de su jefe o capataz de la finca.
· El jueves pasado le tocó a Hernán Casciari, el mago de Orsai, que además pudo grabar la conversación con el infeliz que lo plagió. Vean el post, con audio incluido, sobre la desfachatez.
· Esta mañana, haciendo un paseo por los foros de Noticiero Digital, un viaje al hígado y las entrañas de la descomposición política de sus foristas, me tropecé con un artículo llamado “RCTV: eliminen la concesion“, y publicado por un Jejerónimo que además tiene un e-mail falso. El texto en cuestión es de nuestro tío Enigma, y fue publicado el 12 de diciembre. Enigma ya ha sido plagiado anteriormente por Aporrea.org y el diario Vea.
Pero esos son casos bajo el mismo procedimiento… dos clicks aquí y allá y este montón de bits se imprimen en otro papel bajo otro nombre. Malas personas nutriéndose de contenidos de otros. Pero también he topado con blogs que sacan información de medios tradicionales.
· Me pasó el 2 de diciembre y lo vengo a postear ahora por insistencia de otros colegas. El blog Vivir es Cuestión de Método tomó un texto publicado por mí en la sección política de el diario El Nacional y lo colgó sin crédito de ningún tipo. Pueden ir a verlo y además la seguidilla de comentarios, luego de los cuales el autor editó el contenido. Lo interesante es que ya era práctica común, sólo que otros periodistas, mejor dicho, periodistas de verdad, no suelen navegar por blogs o hacer seguimiento de sus contenidos. Pero sí. Aunque parezca inocuo, que un bloguero se haga eco de contenido no propio es igual de grave aunque sólo sea en la dimensión de la imagen pública y no de retribución económica. La diferencia entre un buen o mal acto es la atribución de fuentes.
Insólita además ha sido la respuesta de los distintos implicados. En la inentendible respuesta de Valecillos se ve cómo no tiene consciencia siquiera de lo que hace con su vida: “en mi caso particular, es de explicar que cuando tomo extractos importantes y sin una síntesis particular, que a mi juicio es la que determina si uno al comunicar una noticia se hace partícipe de ella, no firmo el texto, ya eso genera que la información no está partiendo de la persona que la escribió, mas allá de eso, se originó en la impresión un fallo, que al no tener la comunicación adecuada y que al saber que era una página montada en pauta por mi persona, se generó la firma sin saberlo”. Es decir: una respuesta imbécil que desnuda más su indefensión intelectual.
La respuesta de Pedro J. Soriano, el que plagió a Casciari, es obsena: “…los textos ajenos es entresacarlos de un sitio y de otro e ir haciendo una conjugación y demás“. Para luego llegar a este diálogo:
“-¿Y le ha pedido permiso a la persona a quien le ha robado usted este texto?
—No, no, no. Estaba en Internet y lo cogí de ahí. Parte de uno y parte de otro. Y parte son mis ideas también“.
Por mi parte, aunque pareciera la intención de este post, no quiero sumar la mala práctica de Jesús Nieves Montero, que pudo ser un descuido en sus métodos, a esta galería de personajes. Aunque si revisan los comentarios, podrán ver que la reacción es de no aceptación de las formas, por lo que este post podría incomodar aún más. Pero “destemplado“, que es la palabra que usa el autor para definir mi reclamo, no es tan mala palabra. Destemplada debe ser la defensa de los materiales propios, tanto como los ajenos, por respeto (en mi caso: aprecio) al trabajo de cada uno de nosotros. Sean blogs o periodismo o lo que sea, debe hacerse bien, que significa ser buenos, Topocho.
En medio de las discusiones de los días de Valecillos, pude decir en casa de Maléfica que en la escuela de Comunicación Social de la UCV, semillero de futuros empleados de los medios, se han dejado colar reportajes, informes y hasta una tesis de grado plagiadas. Y sin embargo las amonestaciones han sido insuficientes, lo que no soluciona el problema ni siquiera en los órganos formadores, si es que acaso la academia forma en ética.
Insisto en cada una de las charlas sobre blogs que he dado en algunos salones de clases: “Cada uno de ustedes, chicos y chicas, le deben su título de bachillerato a Google. Que levante la mano quien no se haya guiado para algún trabajo a través de Internet. Ya es nuestro ecosistema de trabajo y nuestra referencia inmediata. Pero estamos grandecitos, es hora de alimentar también nosotros la red”.
Ellos están invitados, ustedes también.