Tras el extravío de mi maleta en en un puente aéreo de Vueling, pasé una semana entera de declaraciones contradictorias de sus operadores. En primer lugar, el número de reclamo de maletas es el mismo para otros departamentos, de manera que si llamas dependes de la suerte para que no te toque algún otro contestador Vueling. De hecho, lo dicen de frente: “llame de nuevo a ver si le contesta el operador indicado”. No pueden redirigir la llamada, ni te pueden dar más información que la que tienen online, la misma que puede ver el cliente.
Un segundo elemento también llama la atención. Por legislación internacional, o europea (que es lo mismo para mí), entre los derechos del usuario está el de ser atendido con interés de parte de la empresa. En serio, la buena atención y la disponibilidad están en la ley, como las sonrisas en McDonald. Por eso ninguno te dejará con la palabra en la boca, o te dirá “el que firma no está”, ni tendrás que esperar a que la secretaria se termine de limar sus uñas vueling, como en las oficinas públicas venezolanas; pero lo malo es que por eso mismo no te dirán nunca que NO, sino que te dirán que tu petición está en trámite o están trabajando sobre eso. Es decir, a veces uno también agradece la sinceridad y no la incertidumbre.
En una semana me dijeron dos veces que ya habían ubicado mi equipaje en las oficinas de Vueling y cuatro veces que aún no había aparecido. Así que en un acto de desesperación, mi novia contacto con Silmariat, un amigo en común que trabaja con aerolíneas en Suiza y le pidió ayuda. Es decir, como buenos venezolanos, aplicamos los caminos verdes, el padrinazgo y la panitocracia, que es como se resuelven las cosas.
En dos patadas y tres llamadas, un amigo de Silmariat ubicó mi maleta al otro lado del mundo, es decir, aquí, en el aeropuerto internacional de Maiquetía. Vueling la despachó a Venezuela sólo dos días después del extravío en un vuelo de la aerolínea portuguesa TAP y nunca lo informó. Ya la maleta llevaba 4 días llevando polvo en la oficina del sótano de TAP sin que la aerolínea Vueling me diera señales de vida. Estaba allí, sin orden de entrega, sin aviso de envío en mi casa ni nada. Tenía sus etiquetas originales del vuelo Madrid-Barcelona y más nada.
Entonces gracias a un amigo y no a Vueling recuperé una maleta que estaba a una hora de mi casa. Ya entregué mi reclamo a TAP, por lo que no puedo seguir insistiendo ante la aerolínea española, porque el usuario resolvió las cosas por su lado. Pero este sábado que la retiré de TAP aún los operadores de Vueling no sabían dónde estaba la maleta. ¡Cuando ya la habían enviado!
Aún hoy me busco en el sistema y dice: “LA BÚSQUEDA CONTINUA. POR FAVOR, COMPRUEBE MAS TARDE”.
Ya tengo los 30 libros en mi casa, la prensa amarillenta de humor del periodo franquista, la ropa sucia, el cargador de la laptop y el café, los chocolates y los regalos que nunca llegaron a su destino en Barcelona.
Este fue un hermoso viaje a España, pero se extendió una semana más por el descuido de una aerolínea. Ya lo sabe. Esté sobre aviso en los aeropuertos. Y de posdata: no permita que en Barcelona los operadores de Vueling hablen entre ellos en catalán para decirse que el reclamo que usted está haciendo es absurdo. Como si uno por latino con pasaporte comunitario no los entendiera. Daban ganas de decir fills de puta, por groseros. Pero mejor escribo este post como servicio público a la aerolínea: sepan que ya tengo mi maleta.
Gracias, Silmariat. Gracias, Gregory de TAP.
Seguimos en paz.
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