Vi que hubo algo de ánimo entre mis colegas fanáticos de la tecnología para el desarrollo social cuando el presidente Chávez anunció la compra de las laptops para niños Magalhães, hechas por Portugal. Los viejos cómplices de este blog saben que desde hace tiempo acariciamos las propuestas de masificación de computadores para niños y conectividad. Proyectos como OLPC (Una laptop por niño), de Nicholas Negroponte, o las Laptop educativas de bajo costo (Classmate PC, de Intel), podían ser una ruta para que el Estado venezolano dirigiera presupuestos públicos y lograra ese empuje en nuestras escuelas, tanto en la conectividad escolar como para la apropiación de las TICs de los nativos digitales.
Por eso el anuncio de las Magalhães, las Magallanes portuguesas, sonaba muy bien cuando fueron presentadas. Sin embargo, como justamente somos sensibles a la materia, interesa aproximarse a otras aristas del fenómeno. El año que viene se enviarán 250 mil laptops de ese modelo y será un primer lote de varios, esperemos que sí. Aunque en Portugal son gratuitas, se espera que en Venezuela tengan “un módico precio”. Ya otros países de la región, más pobres que Venezuela pero con mayor presupuesto para educación, se han adelantado hace rato al salto digital para escolares: Perú y Uruguay.
Hace más de dos año conversé con autoridades del Ministerio de Ciencia y Tecnología y me comentaban que no se aliaron con OLPC por razones ideológicas. Decían que se trataban de equipos imperialistas, con procesadores gringos y que además era ilógico hacer esa compra cuando ya en Venezuela había empresas y proyectos para realizar laptops de bajo costo. Por eso me resulta extraño que ahora el equipo Magallanes, que tiene un procesador Intel, sea el elegido del otro lado del océano para este proyecto. Sin embargo, observaciones como estas no colaboran con la discusión del tema y más bien pueden ser tachadas como “opositoras” en el marco de la polarización venezolana. Por eso es mejor olvidarse un rato de los proyectos venezolanos. Si quieren un excelente análisis político y digital sobre el tema, lo tienen en Hormiga Analítica.
Mi observación era otra y era social.
Con mi admirada gente de Fe y Alegría, esos justos que están haciendo revolución educativa desde antes que Chávez entrara a la academia militar, pude hablar de computadoras baratas, a propósito de que vieran mi Asus EeePc. La reflexión del Padre Piedra era clarísima: la tecnología es urgente, pero falta evaluar la política para su implementación. A Fe y Alegría y sus más de 250 escuelas en todo el país se las habían ofrecido, pero el acuerdo nunca se concretó porque, entre muchísimas cosas, no quedaba claro un tema:
La seguridad. ¿Cómo le damos laptops a niños y niñas cuando no está garantizado que no los asalten de camino o a la salida de la escuela? La respuesta oficial no puede ser que “cuando todos los niños tengan su computador, nadie los robará”. Eso es absurdo. No sólo las computadoras son atractivas y fácilmente mercadeables, sino que robar en Venezuela es asunto cotidiano, es barato, es sencillo, y los incentivos son muchísimos, sobre todo la garantía de impunidad. Por eso el Padre me comentaba que alguna vez propusieron que en lugar de Una Laptop por Niño, se hablara de Una laptop por asiento escolar, es decir, pensar la laptop como una herramienta de clases, para usar en el salón. Una por pupitre. Eso trasladaba el riesgo de robo al depósito de la escuela, pero evitaba la exposición de los niños en la calle. Sin embargo el problema es que no permitiría hacer ejercicios y tarea en casa, para que efectivamente los más jóvenes se apropiaran del aparato y lo hicieran parte de su vida.
¿Segunda alternativa? Laptops por Madre. Quiere decir, laptops en casa, asignados a Mamá para su control. Convocaba que también las escuelas contaran con laboratorio de computación y los chicos tuviesen estaciones de trabajo en la institución y su partátil esperando en casa. Eso requeriría mayor presupuesto y no se concretó el proyecto.
Pasa el tiempo y Fe y Alegría está logrando igualmente equipar sus escuelas, a esa gente no la detiene nadie. Pero las dudas razonables sobre la movilidad de las portátiles de bajo costo son evidentes. Nuestros problemas sociales en este caso son más complejos que la brecha digital en sí misma. Bienvenidas las Magallanes, esperemos que corran con suerte.