Dos episodios de muchísimos otros, nos dicen cómo en Internet gracias a la permanencia de lo que parece un medio fugaz, las cosas no pasan en vano sino que dejan huella y se replican. Más si conformamos comunidades de individuos que nos re-conocemos constantemente a través de estas plataformas digitales.
La identidad en esta segunda vida (haciendo alusión directa al proyecto Second Life y su manifestación sureña Argentonia), resulta tan válida como que puede constituir nodos de contactos, referencias personales y puede concretarse en hechos tan físicos como contratos de trabajo, cenas con amigos o amenazas de muerte. De todo hay y habrá en esta villa de ceros y unos.
Como pueden ver, el ataque de un bloguericida o un grupo de ellos en Colombia ha dejado como saldo varios blogs fuera de circulación, con amenazas previas. Lo que ha originado la reacción de la blogosfera hispanoamericana, recomendaciones de seguridad del amigo Mauricio, y un manifiesto de apoyo del profesor Víctor Solano: Soy bloguero, soy libre. Documento que por supuesto, suscribimos desde esta trinchera de paz.
El asunto es que este asesinato de blogs, perpetrado por seres no identificados aún genera dos movimientos más allá de la paralización y el miedo: el rechazo unánime de una comunidad que se une más, y la búsqueda a través de identificación de IP’s y otros medios de los culpables, delincuentes virtuales para los que la justicia real se mueve en módem de 14kbps (el primero que usé hace 10 años), pero que se topan con una blogosfera llena de inteligencia social, con capacidad de aprendizaje y defensa sobre la marcha. Anárquica, independiente y no controlada. Escupieron para arriba, chiquillos… y el salivazo se les puede devolver.
Así como estas acciones quedan registradas en Internet gracias a los archivos (y los blogs desaparecidos pueden ser vistos parcialmente en el caché de Google), los pasos que realiza cada identidad digital pueden ser seguidos a la vuelta de tres clicks y dos tecleos. Durante el viaje al Congreso de We Media en Miami pasé por dos episodios de ese estilo:
· De mera casualidad un día después de este post compartí la mesa con la periodista autora del reportaje sobre Patricia Poleo del que me quejé por su carácter de víctima. Será complicado explicarle a Emily Witt por qué mi crítica al trabajo sicarial de algunos periodistas venezolanos, pero valga esta página para aclararlo: en el plano simbólico, los comunicadores que se han convertido en actores políticos aprovechan el poder que el medio les da para arremeter contra la figura que sea, en nombre de una guerra abierta a favor o contra el Gobierno. De esa manera han deslegitimado procesos electorales, coronado delincuentes y permitido los verdaderos excesos de poder del Gobierno y la Oposición venezolana, que se dan en otros terrenos distintos a la confrontación de titulares.
· Asimismo, la noche de la cena de blogueros de la conferencia, por invitación de Álex de Carvalho, conocí a un “otro venezolano” (así me lo anunciaron) que estaba asistiendo al evento de WeMedia. Resultó un señor bastante afable que además me perfiló de inmediato el acento caraqueño que llevaba días echando de menos. Tras una corta conversa y cambio de tarjetas, entendí que estaba frente a Carlos Granier-Phelps, hijo de Marcel Granier, uno de los dueños del canal de televisión venezolano al que el gobierno decidió no renovarle la concesión. Carlos Granier es Estratega de Medios Digitales, y a eso dedica su compañía Red66. Simpático el escenario, porque yo estaba sentado en la mesa de Global Voices, portal para el que había escrito un artículo la semana anterior sobre RCTV. No sé si luego habrá leído algo de este pedazo de blog, pero al menos pude tararear algo del poeta Rosas Marcano: “quién ha visto negro como yo…”. ¿Quién sabe si el canal de televisión tiene alguna planificación para la red?
Moraleja (además del título del post): Miami puede ser tan pueblito como Caracas.
Recuerden que por aquí, aunque parezca fugaz y denso, todo permanece. Será que dentro de poco o ya mismo, cuando vayas a buscar un trabajo, tu contratista revise primero tu blog, tu Space, tu Flickr, tu cuenta en You Tube y tu participación en foros de todo tipo. No al asesinato de identidades virtuales