WWW. Año 22-Los usuarios de la matriz se organizan y protestan ante la guerra asimétrica. Descubren que para el gobierno de la web está permitido intervenir países, tumbar presidentes, financiar movimientos radicales, maltratar inmigrantes… pero no bajarse una canción en MP3.
Un proyecto de ley indica que usar una canción de Michael Jackson en un video de YouTube sería causal de 5 años de cárcel. Matar a Michael Jackson apenas le costará 4 años de presidio a su doctor. En un contexto así, parte de la red se declaró en rebeldía.
Las discusiones sobre las leyes SOPA (Stop Online Piracy Action) y PIPA (Protect IP Act) no llegaron a aterrizar en el Congreso de la matriz pero sí desencadenaron en la red global apagones de páginas web, advertencias de especialistas en tecnología y mucha presión ciudadana. Incluso los community managers más vendedores de humo creyeron que el fin de Twitter y Facebook estaba cerca, con lo que tendrían que volver al espejismo de donde salieron y desaparecer.
Ya dedicamos una columna titulada “¿Quién es Anonymous?” sobre el colectivo digital de ciberprotestas que se ha pronunciado en distintos países para mostrar su rechazo a algunas acciones de estados tiránicos (al día de hoy, casi todos).
Un movimiento con ese nombre significa que es humo: cualquiera de ustedes puede pertenecer a él, no tiene centro ni líder ni militancia ideológica clara, salvo la transparencia gubernamental, la neutralidad de Internet y la libertad en sus espacios.
Si cualquier persona puede autodenominarse Anonymous, hacer un video y subirlo a la web, entonces las amenazas no tienen valor hasta que no haya masa crítica (gente sumada) y no haya una acción (el anuncio firme de un ataque contra una página en algún momento).
De las formas de protesta que poseen, la “PaperStorm” (tormenta de papel), que consiste en lanzar panfletos y pegar volantes en las paredes, es la más torpe e inútil para un contexto como el venezolano.
Claro que un Estado como el nuestro: opaco, poco amigo del disenso y con infraestructura digital débil, reúne las condiciones para recibir un ataque de Anonymous, pero el contexto polarizado daña todo intento por ser neutros en el reclamo.
Finalmente, Anonymous no puede ser calificado como ciberterrorismo porque no busca causar estragos en la infraestructura petrolera, el sistema eléctrico o el Metro. Esos se dañan solos. Debe verse más como una ciberprotesta y por ese motivo, su criminalización local sólo radicalizaría aún más al movimiento y sí le daría razones para un ataque global.
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital | Posted on 01-08-2011
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En sus consignas el grupo Anonymous dice “El conocimiento es libre / Somos anónimos / Somos legión / No perdonamos / No olvidamos / Espérennos”. Han estado detrás de los más recientes ataques digitales a empresas bancarias, páginas gubernamentales y muchas protestas contra gobiernos que se exceden en sus atribuciones para controlar la web. Anonymous es un hijo de Internet y un fenómeno que ganar cuerpo con mucha rapidez.
En primer lugar, su propia identidad ha ido mutando. Se trata de usuarios de Internet que están en cualquier parte del mundo, sin identidad manifiesta, que se organizan en foros, tablones de imágenes, canales de chat y otros espacios dispersos de la red para ejecutar sus acciones. Para identificarse recurren a una figura sin rostro. Primero usaron la figura de una persona con un rostro sin facciones y de color verde que tenía el mensaje “No picture available” (No hay imagen disponible), como los archivos borrados. Vestía de etiqueta y era bastante similar al cuadro pintado por Magritte “The son of man”, en el que un hombre cualquiera tenía el rostro cubierto por una manzana verde.
Esa figura se mantiene junto a otra de un traje de etiqueta sin cabeza. Cumple con la consigna de sus lugares digitales de encuentro: “sin reglas, sin censura y sin identidad”. De hecho está prohibido hablar o mencionar en público el nombre de la página web donde se generan sus acciones, es la primera y segunda regla del club, aunque en cualquier búsqueda en Internet se llega a ellos.
Sobre ellos es mejor no decir mucho para no faltar a las reglas de las comunidades anónimas en la red. Sin embargo esta semana fueron noticia porque a raíz de la detención del director de Wikileaks, Julian Assange, hubo coordinación de usuarios para atacar a las páginas que se han prestado para detener la gesta de la web de filtraciones.
Ellos pueden ser cualquier persona con una conexión a Internet, pueden estar en cualquier parte, y según algunos códigos, ellos no olvidan ni perdonan. Son las legiones de “Anonymous”, y esa es sólo una forma de nombrar a la posibilidad que tienen los infociudadanos de hacer uso de identidades desconocidas para ejecutar acciones en masa. Esta semana le tocó recibir ataques cibernéticos a Master Card, Visa, el banco suizo PostFinance, la web del senador estadounidense Lieberman, y la página de pagos electrónicos PayPal, todos ellos por actuar contra Assange.
Se aplicaron ataques DDoS (ataques distribuidos de denegación de servicios), que es el equivalente a que vayamos todos a un ministerio a introducir un documento hasta que la entrada se tape de papeles y nadie más pueda entrar. Es legal, es imparable y es una forma de protesta que demostró ser exitosa. Y además no se quedó allí: muchos otros han dado la cara en marchas a favor de Wikileaks en Australia, España, México, Perú, Argentina y otros países donde los gobiernos no aprueban leyes inconsultas para censurar la Internet.