Al pánico general por el robo de cuentas en Twitter, se le sumó esta semana otro hecho que relaciona intimidad, gente famosa y tecnologías. Un grupo de hackers, más serios y con mejor gusto que los criollos, publicó unas fotos de artistas norteamericanas en la web. Las capturas habían sido tomadas por las propias divas y las guardaban en sus teléfonos. Se sospecha que uno de ellos fue intervenido de manera remota y el otro sencillamente se perdió y fue encontrado por alguien que no guardó el secreto. En las fotos se ve a Scarlett Johansson vestida de Eva tomándose una foto ante el espejo del baño como cualquier adolescente, en otras aparecen la actriz Mila Kunis y el artista Justin Timberlake en imágenes de su entera intimidad.
Aunque la filtración de estas fotos recién ocurrió esta semana, el fenómeno del “sexting” existe desde los inicios de la red, cuando cualquier persona pudo guardar y compartir fotos sexuales. La privacidad va perdiendo espacios y los aspectos mínimos de seguridad sobre los artefactos electrónicos se descuidan hasta que algo como esto ocurre. Cuando incluye a gente famosa, como recordaremos los videos pornográficos de Roxana Díaz y su pareja, queda la sensación de que al menos se trata de adultos que decidieron grabarse o fotografiarse por su voluntad. El problema del sexting es cuando se trata de niños o adolescentes con menos criterio sobre el uso de ese tipo de material y se ven expuestos si deciden compartirlo o lo pierden por accidente.
La regla es muy sencilla: si desea algo privado, no deje registro. La red no olvida ni perdona.
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital | Posted on 01-08-2011
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En sus consignas el grupo Anonymous dice “El conocimiento es libre / Somos anónimos / Somos legión / No perdonamos / No olvidamos / Espérennos”. Han estado detrás de los más recientes ataques digitales a empresas bancarias, páginas gubernamentales y muchas protestas contra gobiernos que se exceden en sus atribuciones para controlar la web. Anonymous es un hijo de Internet y un fenómeno que ganar cuerpo con mucha rapidez.
En primer lugar, su propia identidad ha ido mutando. Se trata de usuarios de Internet que están en cualquier parte del mundo, sin identidad manifiesta, que se organizan en foros, tablones de imágenes, canales de chat y otros espacios dispersos de la red para ejecutar sus acciones. Para identificarse recurren a una figura sin rostro. Primero usaron la figura de una persona con un rostro sin facciones y de color verde que tenía el mensaje “No picture available” (No hay imagen disponible), como los archivos borrados. Vestía de etiqueta y era bastante similar al cuadro pintado por Magritte “The son of man”, en el que un hombre cualquiera tenía el rostro cubierto por una manzana verde.
Esa figura se mantiene junto a otra de un traje de etiqueta sin cabeza. Cumple con la consigna de sus lugares digitales de encuentro: “sin reglas, sin censura y sin identidad”. De hecho está prohibido hablar o mencionar en público el nombre de la página web donde se generan sus acciones, es la primera y segunda regla del club, aunque en cualquier búsqueda en Internet se llega a ellos.
No se puede hablar de infociudadanía ni periodismo ciudadano si no hablamos de la gente que hay detrás del fenómeno, si ellos mismos no se muestran y se responsabilizan de sus actos. En definitiva: el ejercicio de deliberación, consensos y acuerdos políticos de una sociedad se da entre iguales. Al menos es una aspiración.
El fortalecimiento de un ecosistema de plataformas ciudadanas de comunicación en la red, conformadas por foros, wikis, blogs, redes sociales, twitter y otros espacios, le han dado a los ciudadanos la posibilidad de “existir” en Internet construyendo su identidad a través de sus obras, opiniones y contenidos. Es una lógica muy distinta a la de la era previa a la Web 2.0, cuando la identidad en las salas de chat era fugaz. Apenas los foros y las listas de correo eran espacios más sólidos para participar activamente en la red y la posibilidad de construir páginas web se encontraba en menos manos.
Durante meses los periodistas Jesper Huor y Bosse Lindquist de la TV sueca siguieron a Wikileaks para hacer este documental. Un registro de un 2010 filtrado y maravilloso.