Crédito: Luis Carlos Díaz. Foro Social Mundial 2009
Ha pasado apenas la primera semana desde que la oposición venezolana liquidara por consenso la frase: “no tienen una cara que la represente ni un proyecto-país que los aglutine”. Sin embargo la campaña sacó los colmillos. Nos preparamos para vivir el año más interesante en la historia política contemporánea. Será una montaña rusa. En una semana los jugadores han mostrado sus cartas, las amenazas de confrontación están en la mesa, se asomó la artillería jurídica, burocrática y represiva a la mano, y las partes asumen posiciones para un ajedrez en terreno accidentado.
Como hemos visto, la campaña se decanta entre una polarización conflictiva y una ruptura de un modelo agresivo de imponer las cosas por otro que se desentienda del lenguaje de la violencia mientras teje una nueva forma de crear acuerdos sociales. Sin embargo la comunicación y la información no son solamente un campo de juegos, son también los lubricantes y misiles de muchos procesos que se desarrollarán en los meses restantes hasta las elecciones.
En palabras del camarada Chomsky:
“La manipulación y la utilización sectaria de la información deforman la opinión pública y anulan la capacidad del ciudadano para decidir libre y responsablemente. Si la información y la propaganda resultan armas de gran eficacia en manos de regímenes totalitarios, no dejan de serlo en los sistemas democráticos; y quien domina la información, domina en cierta forma la cultura, la ideología y, por tanto, controla también en gran medida a la sociedad”.
Ya dedicamos una columna titulada “¿Quién es Anonymous?” sobre el colectivo digital de ciberprotestas que se ha pronunciado en distintos países para mostrar su rechazo a algunas acciones de estados tiránicos (al día de hoy, casi todos).
Un movimiento con ese nombre significa que es humo: cualquiera de ustedes puede pertenecer a él, no tiene centro ni líder ni militancia ideológica clara, salvo la transparencia gubernamental, la neutralidad de Internet y la libertad en sus espacios.
Si cualquier persona puede autodenominarse Anonymous, hacer un video y subirlo a la web, entonces las amenazas no tienen valor hasta que no haya masa crítica (gente sumada) y no haya una acción (el anuncio firme de un ataque contra una página en algún momento).
De las formas de protesta que poseen, la “PaperStorm” (tormenta de papel), que consiste en lanzar panfletos y pegar volantes en las paredes, es la más torpe e inútil para un contexto como el venezolano.
Claro que un Estado como el nuestro: opaco, poco amigo del disenso y con infraestructura digital débil, reúne las condiciones para recibir un ataque de Anonymous, pero el contexto polarizado daña todo intento por ser neutros en el reclamo.
Finalmente, Anonymous no puede ser calificado como ciberterrorismo porque no busca causar estragos en la infraestructura petrolera, el sistema eléctrico o el Metro. Esos se dañan solos. Debe verse más como una ciberprotesta y por ese motivo, su criminalización local sólo radicalizaría aún más al movimiento y sí le daría razones para un ataque global.
Posted by Luis Carlos Díaz | Posted in Hoguera digital | Posted on 01-08-2011
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En sus consignas el grupo Anonymous dice “El conocimiento es libre / Somos anónimos / Somos legión / No perdonamos / No olvidamos / Espérennos”. Han estado detrás de los más recientes ataques digitales a empresas bancarias, páginas gubernamentales y muchas protestas contra gobiernos que se exceden en sus atribuciones para controlar la web. Anonymous es un hijo de Internet y un fenómeno que ganar cuerpo con mucha rapidez.
En primer lugar, su propia identidad ha ido mutando. Se trata de usuarios de Internet que están en cualquier parte del mundo, sin identidad manifiesta, que se organizan en foros, tablones de imágenes, canales de chat y otros espacios dispersos de la red para ejecutar sus acciones. Para identificarse recurren a una figura sin rostro. Primero usaron la figura de una persona con un rostro sin facciones y de color verde que tenía el mensaje “No picture available” (No hay imagen disponible), como los archivos borrados. Vestía de etiqueta y era bastante similar al cuadro pintado por Magritte “The son of man”, en el que un hombre cualquiera tenía el rostro cubierto por una manzana verde.
Esa figura se mantiene junto a otra de un traje de etiqueta sin cabeza. Cumple con la consigna de sus lugares digitales de encuentro: “sin reglas, sin censura y sin identidad”. De hecho está prohibido hablar o mencionar en público el nombre de la página web donde se generan sus acciones, es la primera y segunda regla del club, aunque en cualquier búsqueda en Internet se llega a ellos.